28 de noviembre de 2012

Rincones para perderse: Uguzpe

Durante mis salidas montañeras he ido descubriendo lugares en los que realmente da gusto perderse. Rincones que, a menudo, dejamos de lado mientras vamos camino de una cima en lugar de dedicar tiempo a explorarlos y disfrutarlos. En la medida de mis posibilidades intentaré, poco a poco, mostrar aquellos que a mí más me han gustado, así que en esta serie de "Rincones para perderse" tendrá más protagonismo la fotografía que la montaña, aunque la mayoría de estos rincones bien podrían formar parte de alguna ruta de montaña, pero creo que ya de por sí, ellos solos bien merecen una visita.

La cascada de Uguzpe se encuentra dentro de los límites del Parque Natural del Gorbea. Se encuentra situada en las cercanías del humedal de Saldropo, donde también podemos encontrar un área recreativa habilitada con aparcamiento, fuente, mesas y asadores, así que una visita a la cascada puede ser un complemento perfecto para una jornada de esparcimiento por la zona.

Al área recreativa de Saldropo se accede desde la carretera N-240, justo en lo alto del puerto de Barazar, a la derecha si vamos dirección Vitoria veremos un cartel que indica el acceso al Parque Natural del Gorbea, sólo hay que seguir la pista de cemento hasta alcanzar el aparcamiento de Saldropo. Al final del aparcamiento, hacia la derecha, sale una pista de tierra que discurre a través de una zona de arbolado, justo en el momento en que se sale del bosque y la pista comienza a perder altura y a girar hacia la derecha veremos una zona más amplia donde se puede llegar con el coche y aparcar en la cuneta. En este punto nace un camino herboso que desciende hacia el bosque, sólo hay que seguir el camino y en apenas cinco minutos, cuando el camino realiza un quiebro hacia la izquierda veremos un claro sendero que sale hacia la derecha, es inconfundible porque pasa junto a una enorme haya y enseguida gira hacia la izquierda hacia un ancho paso entre rocas. A partir de aquí el ruido del agua anuncia la inminente presencia de la cascada. La senda desciende rápidamente hacia una plataforma desde la que ya podemos contemplar el salto de agua en todo su esplendor. Para alcanzar su base basta con seguir descendiendo por el sendero y ayudarse de las raices de otra gran haya para evitar resbalones y caídas. Este es el momento de montar el trípode, sacar los trastos y hacer lo que buenamente se pueda...

Canon G11
f/8 - 1s - iso 80
trípode + cable disparador


Lo primero que se echa en falta en un lugar como este es un buen angular, con la mínima focal de la G11 (28mm) hay que alejarse bastande de la base de la cascada y es difícil encontrar una composición que le de fuerza a la imagen, pero quizás si se consigue transmitir mejor la sensación de serenidad que se respira en el lugar.

Canon G11
f8 - 1s - iso 80
trípode + cable disparador

Lo dicho, a falta de angular no queda más remedio que buscar pequeños detalles que realcen la imagen sin olvidarnos del agua.

Canon G11
f/6.3 - 1s - iso 80
trípode + cable disparador

Ni que decir tiene que aquí el trípode se convierte en una herramienta casi indispensable, sobre todo si queremos conseguir imágenes que le den al agua ese aspecto sedoso, pero además porque la cantidad de luz que llega no es mucha, también es cierto que yo he ido una tarde nublada porque la luz difusa que se filtra entre las nubes favorece mucho la iluminación. En un día soleado habría que pelearse con los fuertes contrastes de las zonas iluminadas por el sol y las zonas en sombra, y la canon G11 tampoco destaca por su rango dinámico.

Canon G11
f/6.3 - 1s - iso 80
trípode + cable disparador

Para finalizar la visita recomiendo acercarse, con mucha precaución, a la parte más alta de la cascada, la vista es impresionante. 

Aquí os dejo el resto de fotos de la sesión.



f o t o s 


Música de Bob Marley: "I Can See Clearly Know" 



13 de noviembre de 2012

Sierra de Gorbea: en busca de la senda Basatxi


La ruta de hoy parte desde el aparcamiento de la pequeña área recreativa de Urigoiti, un barrio que pertenece al municipio de Orozco. La idea es alcanzar y recorrer la senda Basatxi, en las cercanías del Gorbea, para lo cual primero atravesaré el macizo de Itxina y luego la campas de Arraba para ir al encuentro de la senda junto al arroyo Padrobaso.

La ruta no tiene ninguna complicación y está anunciado un día espléndido, así que me encamino hacia el ojo de Atxular para introducirme y atravesar Itxina en dirección al paso de Kargaleku, por el cual se accede a las campas de Arraba. Una vez en las campas voy en busca de la fuente que hay en las cercanías del refugio de la federación vizcaína de montaña. A pesar de las muchas veces que he pasado por las campas nunca me había pasado por esta fuente, y la verdad es que es una auténtica gozada. Acabando ya el verano y con la escasez de lluvias que hemos tenido la fuente aún conserva un buen chorro de agua fresca, así que aprovecho para beber y sentarme un rato a la sombra. En la parte final del recorrido de hoy me acordaré mucho de este rato, sobre todo del chorro de agua…

Lekanda desde la fuente de Arraba

Desde Arraba tomo el camino habitual de subida hacia el Gorbea, en dirección al refugio de Eguiriñao, pero a la altura del menhir de Zastegi me desvío hacia una zona de pequeñas bordas y refugios, es un lugar que me gusta mucho fotografiar cada vez que ando por aquí.

Refugio

Toca ir en busca del Padrobaso, que por la escasez de agua aparece y desaparece en algunos tramos. Enseguida, junto al arroyo y por su orilla izquierda, aparece el inicio de la senda Basatxi. Me he liado bastante con el tema de las fotos y dudo entre adentrarme en la senda o darme la vuelta, últimamente no he salido mucho y mis piernas lo notan enseguida, pero finalmente decido continuar con el plan inicial, aunque no por mucho tiempo. En un tramo que la senda se acerca de nuevo al Padrobaso desisto de mis planes, me siento a comer y a planificar el camino de vuelta.

Padrobaso

Para el retorno, en lugar de volver por donde he venido voy a remontar el Padrobaso hasta un punto desde el cual intentaré ir hacia el collado de Ipergorta por un lugar que había recorrido unos meses atrás, y digo intentaré porque no llevo en el GPS la ruta en cuestión y la misma no discurre por ningún camino conocido ni hay señales, así que dependo de mi memoria y mi sentido de la orientación.

Remontando el Padrobaso me encuentro con una agradable sorpresa, la cueva de Lapurzulo, desde cuyo interior surgen las aguas de un arroyo subterráneo. La cueva cuenta con dos entradas, por una fluye el agua desde las entrañas de la tierra y por la otra se puede acceder cómodamente a su interior. Es una oportunidad para hacer fotos que no se puede dejar pasar, aunque en este momento lamente el haber decidido salir de casa sin el trípode, sin el flash, sin los filtros…

Lapurzulo

Tras dejar atrás Lapurzulo y remontar un buen tramo del río, más de lo que recordaba de otras veces, comienza la búsqueda de la mencionada ruta hacia Ipergorta, al principio no parece haber ningún problema ya que hay marcas de pintura, creo que se trata de una senda que lleva hacia el menhir de Arlobi, pero yo debo desviarme en otra dirección. Con el día tan espléndido que hace y con el GPS, aunque sin track alguno, no resulta muy difícil orientarse, pero no consigo encontrar la zona por la que había recorrido este tramo meses atrás y acabo metido en un lapiaz con rocas afiladas como cuchillos y grietas que dificultan mucho el avance. Me tomo unos minutos para valorar la situación y decido seguir los consejos de “el último superviviente”, el cauce de un arroyo siempre te acabará llevando a un lugar civilizado. Desde el punto en que me encuentro puedo ver el cauce seco de un pequeño arroyo, así que hacia allí me voy, pero al contrario que el Sr. Bear Grylls yo no voy a descender por el curso del arroyo en busca de la civilización, sino que voy a remontarlo en busca de la pista que desde el collado Ipergorta desciende hacia la peña Urratxa.

Karst

El esfuerzo ha sido considerable, pero la cosa ha funcionado, salvo por la fuerte pendiente el cauce seco ha sido una autopista comparado con el caos de rocas en el que me había metido. Ahora toca pagar las consecuencias, desde hace un rato vengo sintiendo que se me cargan mucho los músculos por encima de las rodillas y los calambres no tardan en llegar. Una vez alcanzado el collado de Ipergorta necesito tumbarme un rato para aliviar la tensión de los músculos e intentar recuperar un poco porque aún me queda un buen trecho.

Altipitatx

Los pocos metros que me separan de la cima de Ipergorta se convierten en un pequeño suplicio, pero a partir de aquí ya todo es descenso y espero que las piernas aguanten mejor. Lo malo es que al descender hacia Altipitatx en busca del paso de Itxingote he vuelto a errar en la ruta y de nuevo he acabado metido entra grietas y rocas, aunque esto queda compensado por la belleza del sitio la verdad es que alargar aún más la ruta no va a ayudar mucho a mis piernas, además apenas me queda agua y el día ha sido especialmente caluroso, como decía antes, el resto del camino no dejaré de acordarme de la fuente en las campas de Arraba.

Hacia Itxingote

Finalmente, con algún que otro problema de orientación, entre árboles y rocas todos los rincones parecen iguales, llego al paso de Itxingote, donde se inicia un fuerte descenso que acaba en el canal de Sintxita, cuyo deteriorado recorrido seguiré hasta alcanzar el manantial de Aldabide. Este tramo se me ha hecho eterno, con las piernas casi agarrotadas y la garganta seca llego a Aldabide, la tentación de beber un poco de sus cristalinas aguas es grande, pero apenas media hora me separa del área recreativa de Urigoiti y de su fuente, así que mejor aguantar un poco y evitar riesgos innecesarios, aun así, una vez en el aparcamiento, la primera botella de agua que llené la utilicé para echármela por encima y refrescarme, el resto supongo que os lo podéis imaginar.


f o t o s


Música de Melón Diésel: "En el Andén"



t r a c k

4 de noviembre de 2012

Pisuerga: jara y sedal

Dice el refranero popular que “a falta de pan buenas son tortas”, así que si no hay posibilidades de subirse a una montaña ¿porque no apuntarse a un día de pesca? La cuestión es estirar un poco las piernas y no perder el contacto con la naturaleza, así que aquí estoy, a las 6:30 de la mañana, a la puerta de la casa de Jon, esperando a Miguel, para irnos de pesca, bueno, a pescar van ellos, yo me daré un paseo y, con un poco de suerte, les sacaré alguna foto de esas que dejan con la boca abierta, la típica foto del pescador con una pieza de varios kilos y de un tamaño descomunal.

Antes de nada debo decir que la especialidad de Jon y Miguel es la pesca sin muerte, o sea, coger la pieza y soltarla al instante, y para ello utilizan unas cañas no muy largas, finitas y muy flexibles, con dos tipos de cebos diferentes, mosca y ninfa, la diferencia entre una y otra es básicamente que la mosca flota y se utiliza para pescar en la superficie, y la ninfa se hunde, por lo que es más útil para pescar en profundidad. Viéndoles cambiar de una técnica a la otra me recordaban a mí cuando cargaba por el monte con la cámara réflex y andaba cambiando continuamente de objetivos, pero bueno, esa es otra historia.

El lugar escogido para esta jornada es el río Pisuerga, en un coto entre las localidades de Salinas de Pisuerga y Quintanaluengos, que a su vez se encuentran entre Cervera de Pisuerga y Aguilar de Campoo.

Junto al río discurre una pista en la que aparcamos el coche, al lado de un refugio de pescadores. Jon y Miguel deben enfundarse sus trajes acuáticos, lo cual parece todo un ritual, nada que ver con ponerse unas botas y colgarse la mochila.

Retrocedemos unos metros por la pista hasta el lugar elegido por Jon para meterse en el agua, él ya conoce el sitio y tiene bien trazado su plan de acción, aunque la verdad es que no tiene ningún secreto, se trata de meterse al agua y remontar el río poco a poco repitiendo una y otra vez el típico gesto de las lanzadas, un movimiento muy similar a la forma de utilizar un látigo. Lo había visto alguna vez en la tele, pero en vivo y en directo resulta más vistoso y espectacular. Ahora sólo falta que las truchas se pongan a picar como locas.

Comienzan las lanzadas

Yo pensaba que esto era echar la caña y empezar a sacar piezas, pero parece que no, que la cosa lleva su tiempo y que los peces no siempre están por la labor, y hoy parece ser uno de esos días. El coto está entre dos presas y por lo visto hay demasiado caudal de agua y eso dificulta la pesca en algunos tramos, además se ha levantado viento, lo cual debe ser peor todavía. En fin, que después de un rato dejo a mis compañeros metidos en faena y yo me voy a dar una vuelta por la zona.

Camino por la pista en dirección a Quintanaluengos. A mi izquierda hay una pequeña sierra muy tentadora, pero el paso está cortado por una valla de espinos y no me atrevo a profanarla, desconozco la zona y lo mismo que hay cotos de pesca puede haber cotos de caza, o gente a la que no le guste que se metan por sus tierras, así que me limito a continuar por la pista en busca de algún lugar que pueda dar libre acceso a esa zona.

Sierra sobre el Pisuerga

En el camino aparece un pequeño pueblo, Barcenilla de Pisuerga, desde el cual sale una pista que se dirige a una zona más abrupta, con continuas elevaciones del terreno y una pequeña sierra de fondo, lo de pequeña es por el poco desnivel que parece haber, pero en realidad son cumbres que pasan de los 1.300 metros, aunque la presencia de gran cantidad de pistas y antenas en la parte más alta no invitan a aventurarse por las mismas. Tampoco es esa mi intención, pero sí me acercaré a alguna zona desde donde pueda tener una vista del entorno, especialmente de la cercana montaña palentina, la visión del Curavacas y el Espigüete me trae gratos recuerdos del verano pasado.

La montaña palentina

En lo alto de un cerro hay habilitado un mirador con bancos y carteles informativos, lo que me hace descubrir que a mis espaldas, a lo lejos, se encuentra la sierra Cebollera. De frente la ya mencionada sierra y una pequeña elevación atravesada por la línea férrea del tren de La Robla que será mi próximo objetivo.

Al acercarme a esta elevación descubro que también está delimitada por una pequeña valla de alambre, supongo que es para que el ganado no se meta en la zona, pero de momento decido rodear el cerro y explorar los alrededores. Los campos ya han sido cosechados y sólo falta que los tractores recojan los enormes fardos de paja para dejar la tierra libre para ser arada y lista para comenzar con los preparativos de una nueva cosecha.

Fardos

Rodeando el cerro llego hasta las vías del tren y aquí decido saltar el alambre y acceder a la parte más alta del terreno. El lugar no es que sea espectacular, pero las vistas son bastante agradecidas, sobre todo si se mira hacia la montaña palentina. Recorro esta parte alta hasta una horcada por la que discurre la pista que viene del pueblo y emprendo el regreso hacia el refugio de pescadores donde hemos dejado el coche. Aprovecharé para comer allí y luego iré en busca de los pescadores, a ver que tal se les está dando el día.

Terminada la comida y después de reposar un rato junto a la orilla del río me dirijo a buscarles, pero no hace falta porque justo en ese momento aparecen. Parece que la cosa no va muy bien, aunque alguna que otra trucha ya ha picado. Apenas unos minutos para comer algo y enseguida están otra vez metidos en el agua. A partir de aquí, en la medida en que el terreno lo permita, les acompañaré por la orilla del río, haber si conseguimos alguna imagen espectacular y sale alguna trucha de tamaño industrial.

Jon en plena faena

A pesar de que las capturas no están siendo abundantes se les ve en la cara que disfrutan con la caña. El proceso se repite una y otra vez, agitar la caña, lanzar el cebo y recoger hilo, y, dependiendo del tramo, cambiar de mosca a ninfa y de ninfa a mosca continuamente. Así transcurren las horas hasta que avanzada la tarde alcanzamos una zona del río de aguas poco profundas donde parece que hay una buena cantidad de peces. Yo aprovecho para merendar sentado en un banco junto a la orilla mientras sigo contemplando el ritual de la pesca y, justo cuando por fin presencio la captura de un ejemplar de Oncorhynchus mykiss, resulta que se había agotado la batería de la cámara y la de repuesto la tenía sin cargar, así que nos quedamos sin inmortalizar el gran momento.

Miguel en la faena

Por mi parte la jornada de pesca “fotográfica” había llegado a su fin, así que decidí volver poco a poco hasta el refugio y aguardar allí la vuelta de los intrépidos pescadores, quienes no tardaron mucho en aparecer. La verdad es que no sé como pueden aguantar diez horas metidos dentro del agua, lanzando una y otra vez la caña, cambiando de aparejos cada dos por tres, con el agua tan pronto por encima de los tobillos como casi al cuello, pero disfrutan de ello tanto como yo de la montaña, por eso tengo que reconocer que, aunque la pesca no es lo mío, si tuviera que repetir una salida como esta con estos dos, no me lo pensaría dos veces.

Dos hombres y un destino... truchero



f o t o s

Música de Orchestal Manoeuvres in the Dark: "(forever) Live and Die"
 

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