27 de noviembre de 2011

Sierra de Kodes: Kostalera (1.234)

Primera salida montañera del 2011. El día amanece fresquito y la sierra de Kodes se oculta tras un manto de nubes, pero espero que poco a poco vaya despejando y no me ocurra igual que la otra vez que estuve por esta zona, también por esta época del año, con mi amigo “el intrépido” y su amigo Víctor, que a pesar de estar aún convaleciente de una intervención quirúrgica subió como un campeón. La pena es que aquel día las nubes no levantaron, no pudimos ver absolutamente nada y nos fuimos para casa completamente empapados por una persistente llovizna.

Comienzo la ruta en Santa Cruz de Campezo, desde donde se toma una pista que discurre junto al cauce del río Ega, La verdad es que es una gozada caminar por este paraje a estas horas de la mañana, acompañado sólo por el rumor de las aguas que se dirigen hacia el barranco de Inta.




Tras pasar un buen rato caminando junto al borde mismo del río, en paralelo a la pista, debo separarme de este para dirigirme hacia el barranco de la Dormida, un lugar espectacular. Un sendero discurre entre el intenso verde, un lugar que retiene la humedad de tal manera que parece que estoy en una selva tropical.



Hasta ahora la subida ha sido bastante relajada, pero el camino se empieza a poner cuesta arriba y resbaladizo. Aunque llevo el GPS no llevo ningún track con la ruta exacta y en un par de ocasiones he confundido el camino, ya que son muchas las bifurcaciones del mismo, así que hay que andar atento. Tal y como esperaba, a medida que gano altura las nubes se van disipando y comienzo a ver frente a mí las paredes de Kostalera, hacia atrás un pequeño mar de nubes y el azul del cielo.



Queda aún el tramo más duro de la subida, hay que afrontarlo con calma, pero al final todo llega, y ahí está la cima. Un paso estrecho entre rocas da acceso a la otra vertiente de la montaña, desde donde una pequeña trepada nos lleva a la cima. Hay instalado un cable muy fino que puede servir de ayuda para alcanzar la cima, pero tampoco es que sea necesario, aunque a alguno le puede dar seguridad. Una vez arriba, además de la satisfacción de haber alcanzado el objetivo del día, está la recompensa de la vistas. Es momento para sentarse, recuperar fuerzas y disfrutar del paisaje.



Cuando subí con “el intrépido” y con Víctor nuestra intención era haber seguido hacia el puerto de Nazar, pero las condiciones no eran las más adecuadas, lo intentamos, pero a las primeras de cambio nos dimos la vuelta, más que nada porque Víctor y yo no lo veíamos factible, pero hoy está claro que la ruta a seguir es la que lleva hacia el puerto de Nazar. Dejo la cima y tomo la senda que recorre el cordal entre Kostalera y Nazar. Sencillos destrepes y alguna que otra trepada se alternan con zonas sin más complicación hoy que algunos tramos donde me he encontrado un poco de hielo, pero que se pasan sin dificultad. La vertiente sur es todo un mar de nubes que se van a mantener durante todo el día y que incluso amenazan con pasarse hacia la vertiente norte.



Desde el puerto de Nazar el camino invita a seguir el cordal en dirección a la cima de Joar, pero me he entretenido demasiado a primera hora de la mañana junto al río Ega y se me va a hacer tarde, así que Joar queda para una mejor ocasión, además me ha gustado mucho unas cimas en forma de agujas, Malpika, y ya tengo pensada una ruta que lleva al Joar pasando por estas cimas… En fin, que desde el puerto de Nazar comienzo a descender por la pista que leva de vuelta a Santa Cruz de Campezo, pero enseguida abandonaré la pista para descender por un sendero que lleva hacia la ruta del Miradero de Inta y que enlaza con la subida por el barranco de la Dormida.


Tras descender durante un rato a través de un precioso bosque se llega aun claro donde me encuentro el desvío hacia el miradero, el sendero que lleva hacia la Dormida y una nueva pista que se dirige hacia Campezo. Tras desviarme unos minutos hacia el miradero regreso a la pista que lleva a Santa Cruz de Campezo. Esta última parte de la bajada discurre por un entramado de pistas que se entrecruzan, pero finalmente alcanzo la bonita ermita de Ibernalo. Al final la bajada ha sido bastante rápida, así que aun tengo algo de tiempo para disfrutar de las vistas de las tierras alavesas a los pies de Ibernalo.



Desde Ibérnalo, tras caminar un centenar de metros por la carretera, de nuevo tomo una pista que me lleva a Santa Cruz de Campezo, justo hasta el centro del pueblo, donde dejé el coche y comencé mi ruta. Ha sido un bonito día, aunque la verdad, creo que hubiera sido mucho mejor en compañía de “el intrépido” y de Víctor.



21 de noviembre de 2011

Sierra de Udala: Udalaitz (1.117)



Son las 8 y media de la mañana y en el alto de Kanpazar hace un frío de pelotas. El termómetro del coche marca -6º. Hace tanto frío que me estoy pensando seriamente el darme la vuelta y volver a casa, pero ya que estoy aquí tengo que aprovechar para sacar alguna foto de las primeras luces del día bañando el Udalaitz. La montaña está completamente nevada y no sé si me voy a encontrar hielo durante la subida, la verdad es que no estoy acostumbrado ni a la nieve ni al hielo y no tengo crampones, pero me apetece mucho subir una montaña nevada, de echo esa es la razón por la que hoy me he acercado hasta aquí, porque ha nevado y porque se anuncia un día espléndido, y supongo que las zonas de Urkiola y del Gorbeia estarán petadas de gente, aquí, en el parking de la cantera estoy yo sólo.





Finalmente decido tirar para arriba y si veo que se complica la cosa me daré la vuelta y listo. Me abrigo hasta las orejas y atravieso la zona de la cantera, que está completamente helada, así que la cruzo más bien patinando. La primera parte de la subida no presenta mucha nieve, además hay huellas y la paso sin dificultad. El sol ya ha salido y aunque sigue haciendo frío tengo que hacer una parada para quitarme algo de ropa y subir más cómodo. El Udalaitz se ve impresionante con este manto blanco.
  
Ahora el camino sí aparece completamente cubierto de nieve. Ya he subido varias veces el Udalitz desde Kanpazar, pero nunca siguiendo la ruta normal, así que no tengo puntos visuales que me sirvan de referencia para intuir por donde va el camino y necesito echar mano del GPS para intentar seguirlo con la mayor precisión posible.




A medida que asciendo la cantidad de nieve se hace mayor y como me toca ir abriendo huella, ¡que bien suena eso!, a cada paso que doy me hundo por encima de las rodillas, a veces incluso más, pero estoy disfrutando como un enano, lo que ocurre es que, como he dicho antes, no estoy acostumbrado a subir en estas condiciones y se me está haciendo durísima la subida, tanto que otro montañero que ha aparecido por detrás me ha adelantado justo antes de alcanzar el cordal, claro, como ya le he abierto huella… así cualquiera.



Una vez arriba me tomo unos minutos de descanso. La estampa es alucinante, al menos para mí, que no estoy acostumbrado a esto, pero es que tengo la sensación de estar en alguno de esos montañones del Himalaya o los Alpes, con nieve por todos lados, y para mí solito. Aprovecho también para sacar fotos por que no sé cuando tendré la oportunidad de repetir una ruta así y esta es para recordarla.





Aun me queda un último esfuerzo antes de alcanzar la cima, pero la recompensa es aún mayor de lo que podía imaginar, si hasta ahora la ruta me había parecido espectacular, el último tramo, el que discurre por el cresterío antes de alcanzar la cima me ha dejado sin palabras. Y pensar que apenas un par de horas antes me había planteado la posibilidad de darme la vuelta y volver para casa…





Una vez alcanzada la cima la sensación es de esas que no se olvidan. Me he cruzado con dos personas que bajaban, pero ahora estoy yo sólo, contemplando las inmensas vistas propiciadas por un día frío, pero con una atmósfera limpísima. Se ha levantado un poco de aire y aquí se vuelve a notar la baja temperatura, pero me resisto a tener que marcharme y una vez bien abrigado decido que me quedaré un buen rato, no tengo prisa y además intuyo que la bajada va a ser bastante más rápida que la subida.





Finalmente no queda más remedio que comenzar a descender y así lo hago, con cuidado porque esto impresiona. Hoy aprovecharé para visitar la cueva bajo la cima, no os lo creeréis, pero es que nunca he estado, más que nada porque no sabía exactamente donde estaba, pero hoy, las huellas en la nieve no dejan lugar a dudas. La cueva puede servir de refugio en caso de necesidad y en su interior alberga una fuente que recoge las aguas que se filtran por su techo, hoy, además, está decorada con un Belén. Aquí aprovecho para comer un poco, pero enseguida retomo el camino de bajada, que el día avanza y anochece pronto.





Antes no me equivocaba, la bajada es mucho más rápida y divertida que la subida, pero de vez en cuando aún hago alguna parada para sacar fotos. El día ha sido de esos que no se olvidan y que apetece repetir, pero para eso tendré que esperar a las nieves del próximo invierno. Mientras tanto me queda el recuerdo de las fotos y del intenso frío que hacía en el puerto de Kanpazar a las 8 y media de la mañana.







EL TRACK



7 de noviembre de 2011

Sierra de Eskuagatx: Eskuagatx (1.016), Kanpantorreta (1.002), Errialtabaso (1.018) y Eskumin (915)


Eskauagatx es uno de esos sitios donde da gusto perderse, quiero decir perderse, pero con conocimiento de causa. No es una zona muy extensa, pero está llena de lugares muy tentadores por donde meterse y de los que luego no resulta fácil salir, como muy bien pude comprobar este día…

Comienzo mi recorrido junto a la ermita de San Lorenzo, cerca de Baltzola. La primera parte del recorrido no es especialmente vistosa, discurre por una pista que poco a poco va ganando altura hasta alcanzar las campas de Izoztegi, otro de esos rincones a los que bien merece la pena acercarse aunque sólo sea para darse un simple paseo, aunque seguro que una vez allí nadie podrá resistirse a la tentación de adentrarse en Eskuagatx, o sino, hacer como yo, basta con apartarse un poco del camino para descubrir bellos rincones.


De momento no me entretengo en las campas, eso lo dejo para más tarde, ahora me dirijo directamente en busca de la cima de Eskuagatx, cima que se alcanza con facilidad y sin ningún problema. Toca disfrutar de las vistas, pero desde este punto la mirada enseguida se va hacia lacercanacima de Kapantorreta, que destaca por la presencia de un vértice geodésico. Aun queda mucho día por delante, así que decido ir hacia Kanpantorreta.

Una vez se abandona la cima de Eskuagatx el terreno se vuelve muy escabroso y el karst de se muestra en todo su esplendor. En el mapa que llevo en el GPS se dibuja una senda que intento seguir con la máxima precisión, aunque a la vista del terreno pienso si no se habrán equivocado al hacer el mapaintento buscar los pasos más cómodos, pero no puedo evitar trepadas, destrepes, vuelta a treparpero lo peor es que cuanto más avanzo más se complica la cosa, sobre todo porque no veo la manera de volver sobre mis propios pasosdebo salvar grietas, simasla cima está hay al lado, pero no veo clara la forma de llegar, el GPS ya ni lo miro. Un último esfuerzo, unos cuantos rasguños, pero al final alcanzo la cima. Parecerá una tontería, pero la sensación de alivio al encontrarme sentado junto al vértice geodésico os asegurado que es indescriptible. Parece mentira como se pueden complicar las cosas en un momento.

Es momento para recuperar fuerzas, contemplar el paisaje y también para pensar en la forma de volver hacia Eskuagatx, y desde luego no por el mismo camino por el que he venido. Por suerte desde la cima se tiene una visión más amplia del terreno y localicé una zona mucho menos complicada, pero desde luego el camino dibujado en el GPS no es el más indicado para acercarse a esta cima. La vuelta ha sido mucho más cómoda y he podido disfrutar haciendo alguna que otra buena foto.

De vuelta hacia Eskuagatx y para alargar la ruta decido acercarme hasta la cima de Errialtabaso, que aunque no ofrece prácticamente vista alguna, se encuentra en un rincón muy bonito entre las hayas. Desde aquí bajaré hacia las campas de Izoztegi, donde pasaré el resto de la jornada paseando y haciendo fotos, después del pequeño susto pasado en el karst de Eskuagatx necesito pasar un rato tranquilo y relajado.

Inicio el camino de vuelta hacia la ermita de San Lorenzo con la luz justa para sacar unas últimas fotos y pensando que, a pesar del Kanpantorreta, ha sido un bonito día de montaña.








EL TRACK

 

Perdido en las alturas © 2008. Chaotic Soul :: Converted by Randomness