20 de junio de 2011

Cimas centrales de Itxina


Itxina es uno de esos sitios que no me canso de visitar, visto desde fuera es espectacular, pero en su interior esconde lugares que parecen sacados de un cuento de hadas, y cada vez que me meto en su interior voy descubriendo cosas nuevas. Esta vez mi objetivo es visitar algunas de las cimas interiores de este complejo cárstico.
Una vez más el punto de partida es el barrio de Urigoiti, en Orozko. Me encamino hacia el manantial de Aldabide para tomar la senda que discurre junto al canal de Sintxita. El canal es un paseo sin apenas pendiente hasta que se llega a su cabecera, aquí el camino se torna bastante cuesta arriba en dirección al paso de Itxingote, que me deja a los pies del Altipitatx. Junto al comienzo de la ascensión a esta cima unas marcas de pintura roja indican la dirección a seguir para llegar a los prados y la cabaña de Lexardi. Este será mi camino de referencia, aunque me apartaré del mismo continuamente para explorar esos rincones ocultos que tanto me gusta ir descubriendo.
Mi primer desvío será la cercana cima de Uburungo Atea, a la que me encaramo después de una pequeña trepara por las rocas, supongo que habrá un camino más facilón, pero me gusta eso de trepar un poco de vez en cuando. El camino entre las hayas con sus hojas amarillentas y las hojas secas ya caídas es precioso. Uburungo Atea es una atalaya perfecta para divisar el interior de Itxina.
El siguiente objetivo será la cima de Iturriederrako Puntea. Para ello desciendo de Uburungo y camino entre las rocas en lo que se podría considerar el cordal que une ambas cimas y que antes pasa por otra pequeña cima, Atxiki. Sorteando grietas y afiladas rocas alcanzo la cima de Iturriederrako desde donde las vistas sobre Itxina son aún mejores que desde Uburungo.
Desciendo, pero esta vez buscando de nuevo algún sendero balizado, y lo que me encuentro es una grieta, no muy profunda, pero ancha, parece un gran foso cubierto de hojas secas. La rodeo hasta llegar a uno de sus extremos donde se aprecia una sima, está tan oscuro que no puedo ni ver el fondo. El sitio es realmente bonito, otra de esas joyas que esconde Itxina y por las que merece la pena salirse del camino, eso sí, con precaución.
Llego a uno de los senderos balizados, pero en lugar de dirigirme hacia Lexardi tomaré una senda que bordea otras cimas interiores de Itxina, Itxinerdiko Atxa, Txiritxako Atxa van quedando a un lado, no soy un tacha cimas y las vistas desde lo alto de estos puntos no creo que mejoren las que ya he tenido, así que las dejaré para otro día.
Continuando por sendero me encamino hacia el Ojo de Atxular para, poco a poco, ir regresando al punto de partida realizando una ruta circular. Hoy he descubierto nuevos rincones ocultos de Itxina, pero sé que aun me quedan muchísimos más que habrá que ir descubriendo poco a poco.








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7 de junio de 2011

Castro Valnera


Nueva visita de mi cuñado “el montañero”, planeada desde hace tiempo, pero con un objetivo muy distinto del que finalmente hicimos. El plan era habernos desplazado el viernes por la tarde a Gavarnie y el sábado subir al Vignemale, pero la previsión meteorológica nos hizo echarnos para atrás. Son muy pocas las ocasiones que tengo para desplazarme a Pirineos y la verdad es que me hacía muchísima ilusión, hubiera sido mi primer tres mil, y el Vignemale, con su glaciar, es una montaña preciosa, pero bueno, a lo mejor este año…
Bueno, pues visto que lo del Vignemale no podía ser, teníamos que buscar algo que estuviese a su altura, al menos en cuanto a belleza, y la zona elegida fue el circo de Lunada y su cima más conocida, el Castro Valnera.
Iniciamos el recorrido desde El Bernacho, una zona de prados y bordas/refugio a la que se accede por una pista de tierra desde la carretera que sube al puerto de Lunada. Al final de la pista dejamos el coche y comenzamos a caminar a través del hayedo en dirección al collado que separa las cimas de Castro Valnera y Cubada Grande. Una vez alcanzado el collado nos encontramos de frente con una bonita cima, se trata de Peña Negra y hacia ella nos dirigimos. Las vistas comienzan a ser espectaculares.
Volvemos sobre nuestros pasos en busca de la senda que lleva a la cima de Castro Valnera. Al principio subimos por donde mejor nos parece, pero enseguida conectamos con la ruta habitual de subida, atravesamos un pequeño túnel en la roca y ya podemos ver las cimas de Castro Valnera, lo que se esconde detrás de ellas es difícil de describir. Al alcanzar la cima sólo podemos ver nubes, pero se intuye la impresionante caída de la vertiente norte. Por momentos las nubes dejan abrirse algunos claros y entonces podemos disfrutar del impresionante circo de Lunada. De todas las montañas que he subido esta es la que mayor sensación de verticalidad me ha dado desde su cumbre, realmente parece como si te estuvieras asomando al balcón de un enorme rascacielos. El sitio es para sentarse y disfrutar tranquilamente un buen rato, pero las nubes siguen entrando y nos quedamos sin vistas, así que aprovechamos el momento para ir comiendo algo.
La idea es hacer un recorrido circular, así que seguimos la ruta recorriendo el cordal en dirección a otra cima, Torcaverosa. Las nubes parece que van desapareciendo poco a poco y mientras recorremos el cordal otra vez podemos disfrutas de unas impresionantes vistas.
Desde Torcaverosa observamos el camino recorrido desde la cima de Castro Valnera y frente a nosotros, hacia el este, la no menos bonita zona del Pico de la Miel. No entraba en nuestros planes, pero parece que finalmente está despejando y el sol le gana terreno a las nubes, y como vamos bien de tiempo decidimos ascender también el Pico de la Miel.
Bajo nuestros pies se forman preciosos valles que llevan la vista hacia un horizonte en el que se dibuja el mar, la bahía de Santander es perfectamente visible, pero ahora nuestra vista se centra en el Pico de la Miel y unas nubes que nada más comenzar a ascender lo han vuelto a cubrir por completo. Entre la niebla pasamos junto a un montoncito de piedras que parece marcar la cima, aunque el buzón se encuentra como a un centenar de metros, en una zona de rocas repleta de grietas conocida como el Alto de las Corvas. Parece mentira, quince minutos antes un sol radiante nos mostraba la silueta de esta montaña y ahora no vemos absolutamente nada. Nos sentamos un rato junto al buzón con la esperanza de que sea una nube pasajera, pero esto no tiene mucha pinta de cambiar, así que finalmente decidimos ir descendiendo.
La bajada hacia el Bernacho siguiendo la senda se hace un poco larga para mi cuñado, se ha quedado con ganas de bajar monte a través, directamente hacia donde está aparcado el coche, pero yo he preferido seguir por el camino normal.
Durante unas horas el Castro Valnera ha conseguido que nos olvidásemos del Vignemale y, en mi caso, también me ha dejado con un gran sabor de boca y con muchas ganas de volver por la zona.






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