14 de octubre de 2010

Eskuagatx

1 de noviembre de 2009

El macizo karstico de Eskuagatx es una zona que permanence eclipsada por sus vecinos, las sierras de Aramotz y de Anboto, con cimas cuyos nombres resultan más familiares y atractivas, de ahí que nunca me hubiese fijado demasiado en ella. Cada vez que he andado por Aramotz la vista se me ha ido hacia Anboto y cada vez que he andado por Anboto la vista se me ha ido hacia Aramotz, pero ahí en medio se esconde una pequeña joya, un complicado karst salpicado de simas, de pequeños prados, de varias cimas, unas con generosas vistas y otras casi ocultas, y todo esto cubierto por un impresionante hayedo, en definitiva, un lugar perfecto para perderse un bonito día de otoño.

Inicio el recorrido en el aparcamiento del alto de Urkiola, junto al restaurante Bizkarra, un buen lugar donde reponer fuerzas a la vuelta… Un poste de señales indica la ubicación del centro de información del parquet y hacia allí me dirijo por la empanada pista de cemento. Enseguida hay que dejar la casa del parquet a la izquierda y continuar por la pista de cemento hacia la derecha, dirección al Saibi. Hacia atrás queda el santuario de Urkiola



La pista de cemento enseguida se convierte en una pista de piedras, con el tráfico restringido, aúnque no tanto como a mí me hubiera gustado, al menos hoy… Al llegar a un paso con una puerta me desvío hacia la derecha por un sendero que rodea la cima del Saibi, aunque yo subiré hasta arriba. Sólo he estado una vez en el Saibi, un día de niebla, pero me pareció una cima muy agradecida y desde donde se tienen unas vistas también muy bonitas de todos los alrededores, sobre todo de la zona que voy a recorrer y, como no, también resulta atractiva por la enorme cruz de piedra levantada en memoria de los gudaris fallecidos en esta montaña durante la guerra civil, aun son visibles los restos de las trincheras.



Dejo la cima de Saibi y desciendo por su cara norte, pegado a la valla, pero sin cruzarla, para alcanzar la pista que dejé al llegar a una puerta metálica. Esta pista desciende y lleva hasta una pequeña explanada de donde parten varios caminos. Yo tomaré el de la derecha, que tras dejar atrás una majada lleva hasta una pequeña hondonada donde se encuentra un refugio. No estoy solo, por la zona, y en el refugio, hay cazadores. No sé a que le están disparando, pero en el tramo entre el cruce de caminos y el refugio me han llovido perdigones, la verdad es que asusta un poco, el estruendo de los disparos y unos segundos después los perdigones cayendo por todos lados sobre las hojas secas, no sé si ha sido por hacer fotos o por guarecerme, pero me he metido bajo unos árboles durante unos minutos…


Con los cazadores del refugio, a pesar de tenerles al lado, no he intercambiado una sola palabra, sólo miradas, un tanto recelosas por su parte, será por la cámara de fotos… así que no les “molesto” más y continúo mi camino. Tras una corta subida por lo que podríamos llamar cordal, o mejor, por uno de los bordes del macizo de Eskuagatx, me encaramo a la cima de Deabru Atxa. Mire hacia donde mire las vistas son espléndidas, además el día acompaña, hace una preciosa mañana otoñal.

Mi primera intención ha sido seguir ascendiendo por el cordal para introducirme en el corazón de Eskuagatx, pero el karst cada vez se hace más complicado, las rocas más afiladas y las grietas más profundas, así que decido descender poco a poco hacia un claro salpicado de árboles para buscar un camino más cómodo que me acerque al sendero que lleva hacia la cima de Errialtabaso, la principal cima de este macizo, o la más conocida, o la más alta, o la que menos vistas tiene, lo que cada uno prefiera.

Desde el punto en que me encuentro no localizo ninguna senda, una opción sería volver hacia atrás, a la zona donde están los cazadores y allí tomar el camino balizado hacia Errialtabaso, pero por esta zona el karst parece menos complicado, hay grandes placas de roca y pasillos que cruzan en diagonal y en dirección ascendente, así que decido tirar para arriba en línea recta hasta alcanzar algún sendero. Avanzo despacio, pero con más facilidad de la que esperaba, efectivamente el camino no es difícil, la roca está perfecta para trepar por ella y aquí las grietas son menos amenazantes, además el sitio es espectacular.

Sigo avanzando lentamente, pero más por la belleza del lugar y las continuas paradas para hacer fotos que por la dificultad del terreno, como he dicho las grandes placas de roca hacen que no sea demasiado incómodo el caminar. Las hojas secas se acumulan entre las grietas realzando la belleza y espectacularidad de este tramo.


Según el GPS estoy cerca del sendero que busco, un gran pasillo de hierba anuncia su presencia, pero antes atravieso una espectacular placa de roca, parece un enorme tobogán de esos que hay en los parques acuáticos. La roca deja paso poco a poco a zonas mixtas, con árboles y vegetación, suelo firme, sin grietas debajo, con lo que el caminar se vuelve más ágil y seguro. El panorama y el contraste de colores sigue siendo espléndido.
Ahora, ya por sendero me dirijo hacia la cima de Errialtabaso. Tras atravesar una zona de rocas donde los hitos y las marcas de pintura me guían, el camino se introduce en el desnudo hayedo tapizado por las hojas secas. Dejo atrás las bonitas vistas hacia Aramotz y Anboto para introducirme en el mundo mágico de los bosques de hayas.


El camino, a pesar de que no hay vistas panorámicas no deja de ser atractivo, además la pendiente apenas se nota, aunque poco a poco me voy acercando a la cima de Errialtabaso, cima que, de no ser por el pequeño buzón, pasaría totalmente desapercibida. No hay prácticamente vistas, pero es un lugar muy tranquilo, y estoy completamente sólo, así que toca descansar un rato y aprovechar para comer.

Pero la belleza de este lugar no hay que buscarlo en la propia cima, ni en espectaculares vistas, basta con echar una mirada alrededor para darse cuento de los impresionantes rincones se esconde este karst.

Tras el descanso continuo la marcha, en lugar de regresar voy a seguir el camino adelante para hacer una ruta circular. Tampoco voy a buscar más cimas, eso lo dejo para otro día, así que al llegar a un pequeño claro donde se separan los caminos que llevan hacia Eskuagatx por un lado y hacia los prados de Izoztegi por otro, tomo este último, no sin antes encaramarme a un saliente de roca para disfrutar de las vistas sobre Izoztegi.

La bajada hacia Izoztegi es rápida y sin complicaciones, buena senda con marcas de pintura. Izoztegi es otro de esos rincones ocultos por los que merece la pena darse un paseo tranquilo para disfrutarlo bien. Las vistas hacia Aramotz bien merecen una parada, además, en su parte más elevada está la cima de Eskumin, desde donde también merece la pena deternerse para contemplar Eskuagatx durante un rato.

Ahora sí, toca regresar. Dejo atrás las campas de Izoztegi y las coloridas paredes rocosas de Eskuagatx en busca del camino que me llevará de nuevo hacia el Saibi.

Durante unos momentos he perdido el sendero, pero no hay mal que por bien no venga, porque así descubro rincones que de otra forma nunca vería.


Finalmente acabo cerca del lugar donde esta mañana me llovían perdigones, una señal indica el camino correcto a seguir para dirigirse a Errialtabaso, la próxima vez lo tendré en cuenta, o quizás no, creo que seguiré con mi manía de salirme de los caminos y seguir descubriendo esos rincones ocultos.

Evidentemente, de regreso no he subido al Saibi, aunque es una buena hora para hacerlo, la luz del sol comienza a ser perfecta para la fotografía, pero desde que salí de las campas de Izoztegi he venido sintiendo calambres en las piernas, así que mejor no forzar. He seguido la pista que rodea Saibi sin apenas pendiente y que llega hasta la puerta metálica que me encontré por la mañana y donde empieza la subida al Saibi. Ya sólo queda regresar al parking, pero como he dicho, la luz del sol comienza a ser perfecta y aún puedo disfrutar un buen rato fotografiando todos los gigantes que van apareciendo a mi alrededor.


Ha sido un día estupendo, con un recorrido inmejorable por una zona en la que aún me quedan muchos rincones por explorar, muchas fotos que sacar y muchas historias que contar.



f o t o s




t r a c k


3 de octubre de 2010

Aramotz con nieve

20 de diciembre de 2009

Nunca había hecho una salida “invernal”, de esas en las que pisas nieve desde el principio hasta el final, pero es que aquí, en Vizcaya, tampoco es que nieve ni mucho ni todos los años, así que tenía que aprovechar la primera ocasión que se me presentara y hoy es el día. Ha amanecido soleado y fresco, ideal para pasearse por la nieve, además no he necesitado ir muy lejos. El lugar elegido ha sido Aramotz, y no podía haber elegido un lugar mejor, lejos de las aglomeraciones que suelen producirse en otras zonas ya de por sí bastante concurridas los fines de semana, así que con nieve os podéis imaginar (parques del Gorbea y de Urkilola). Inicio el recorrido en el área recreativa de Landaederra, a la que se accede desde el barrio de Orozketa, en Durango. La subida comienza tranquilamente por la pista de tierra que, poco a poco, a medida que se va ganado altura, comienza a teñirse de blanco, el color que me acompañará durante todo el día. En una curva del camino me encuentro con el poste de señales que indica la dirección a tomar si se desea acceder a Aramotz a través del paso de Kataska, pero hoy ignoro este desvío y continúo por la pista en dirección a la cantera de Marmola, mi intención es acceder a la sierra tomando como referencia la cima de Askorri y después, bueno, después ya veré… al llegar a la cantera la capa de nieve ya es más de lo que me esperaba, unos 20 centímetros, nieve polvo en la que me hundo a cada paso. Desde la cantera no me queda más remedio que echar mano del GPS para localizar el sendero que lleva hacia la cima de Askorri ya que las huellas que hasta ahora había en la nieve han desaparecido. La pendiente en este tramo es pronunciada y a cada paso me hundo en la nieve hasta las rodillas, pero la sensación de caminar sobre esta blanca capa es una gozada.


Alcanzo la cima de Askorri, modesta, pero con unas vistas muy agradecidas, sobre todo hoy, con este manto blanco que lo cubre todo. Es hora de decidir un poco el recorrido de hoy.

Tras descender de Askorri opto por volver en dirección contraria, por la senda que lleva a Mugarrakolanda, me voy para el refugio de Mugarra. Por aquí otra vez hay buena huella, así que el camino se sigue sin ninguna complicación, lo que aún no me encontrado es con nadie más. Este camino lo he recorrido ya bastantes veces y es uno de los más me gustan de esta zona, se atraviesan zonas de rocas, entre pinos para, finalmente, acabar saliendo a terreno despejado cerca del collado de Mugarrakolanda.


Pero este camino por el que tantas veces he pasado hoy me parece completamente distinto, cubierto con esa capa de nata.

No voy a llegar hasta Mugarrakolanda ya que mi intención es quedarme por la zona del refugio y hacer algunas fotos, pero una vez en el refugio, lo primero es comer un poco y disfrutar de la vista del Mugarra emblanquecido. El día es espléndido, no hace nada de frío, luce el sol, no se ve ni una sola nube… creo que da para algo más que para quedarse por el refugio, así que me acercaré a una de mis cimas favoritas, Leungana .

De nuevo el camino está perfectamente marcado por las huellas de otros montañeros, aunque yo, salvo con dos personas con las que me he cruzado en el refugio, sigo sin ver a nadie. El paisaje no deja de sorprenderme, como he dicho al principio, nunca había hecho una salida con nieve y me está resultando muy, pero que muy agradable. Es increíble cómo la nieve lo transforma todo y le da un aspecto que transmite una tranquilidad que, al fin y al cabo, es una de las cosas que más me gusta de la montaña.


A mitad de la subida hacia Leungana veo huellas que se dirigen hacia el camino que lleva a la cercana cima de Artatxagan y decido seguirlas. En este caso no son huellas de muchas personas que hayan allanado el camino como hasta ahora, se ve que son huellas de una sola persona, y en algunos puntos me hundo por encima de la rodilla y se hace un poco costoso caminar, pero me encanta, estoy disfrutando de lo lindo.

Alcanzo el cordal que va ganando altura hasta llegar a cima de Artatxagan, tengo la cima a la vista, pero hacia el otro lado está otra de mis montañas favoritas, el impresionante Mugarra.


Desde Artatxagan tengo unas muy buenas vistas de Aramotz y del parque de Urkiola, donde sobresale magnífico el Anboto.

Tras unos minutos en la cima Artatxagan toca descender hacia el collado que lo separa de su vecino, Leungana, con unas vistas parecidas a las que ofrece Artatxagan, pero más bonitas aún si cabe.

A mis pies está Aramotz. Aquí me quedaré un buen rato disfrutando de este día. Viendo la pendiente y la cantidad de nieve acumulada dan ganas de tirarse rodando cuesta abajo, pero no, voy a bajar tranquilo, poco a poco, y me voy a dirigir hacia la loma de Luburrigane.


Tras descender del Leungana de nuevo camino sin huella sobre la nieve en dirección a Luburrigane. Aquí sopla el aire y se nota el fresco, además la tarde ya está avanzada, así que me entretengo lo justo para sacar algunas fotos y otra vez tomo dirección hacia Mugarrakolanda.

No hay huella en la nieve, pero con ayuda del GPS y ese sexto sentido que acabamos desarrollando los que nos gusta la montaña, no tengo problemas en localizar el camino correcto, así que piso la nieve sin miedo a hundirme en algún agujero o a tropezar con las rocas ocultas, aunque no son tan ocultas, pues los pequeños montículos de nieve las delatan.


Llego a la base del Atxoker y continúo en busca del camino por el que horas atrás llegué al refugio de Mugarra, pero no puedo ir sin echar una última mirada a mi amigo Mugarra, al que nunca había visto con esa capa blanca de nieve. Este siempre está impresionante, da igual el color que tenga.


Comienzo a deshacer el camino andado por la mañana, pero no voy a llegar hasta el Askorri, sino que, una vez rodeado el Pagasarri, descenderé directamente hacia la pista por la que subí hasta Marmola. No conozco la bajada, pero el camino aparece en el GPS, así que no hay pérdida, aunque tengo que reconocer que de no haber sido porque había huellas habría tenido algún que otro problemilla para bajar ya que el camino es bastante escarpado y si me hubiese salido de él o hubiese tenido que abrir huella yo mismo, habría tardado bastante en descender hasta la pista. El resto del camino, un paseo. El día, para repetirlo en cuanto se presente la oportunidad.



f o t o s



t r a c k

 

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