24 de septiembre de 2010

Travesía Urkiola - Elorrio

27 de septiembre de 2009

Hará como un par de años que hice una marcha montañera, la marcha de las Ermitas, en Bermeo. Fueron 32 kilómetros de auténtico sufrimiento. Durante casi todo el día nos estuvo lloviendo, el recorrido era un auténtico rompe piernas, con continuas subidas y bajadas, por caminos embarrados (con lo limpio que soy yo), y una subida ya casi al final que casi acaba conmigo (y con alguno más de los que me acompañaban). En definitiva, 8 horas que juré no repetir nunca más, además no hice ni una sola foto en todo el camino, estaba yo como para ir haciendo fotos… así que cuando me propusieron hacer esta ruta lo primero que se me pasó por la cabeza fue “ni loco”, pero al final me convencieron, así que aquí estamos, en la Plaza de Zabálburu de Bilbao, a las 8 de la mañana esperando para coger el autobús que nos lleve a Durango, porque hoy hemos decidido utilizar el transporte público. Nos hemos juntado Miguel “el intrépido”, Iñigo “el prudentre”, Maricarmen, Josean, Antonio, “Pani” y yo.
Al llegar a Durango aprovechamos para desayunar mientras esperamos la salida del autobús que se dirije a Vitoria y que tiene parada en lo alto del puerto de Urkiola, frente al santuario, donde empezaremos nuestro “paseo”.
Para ir calentando las piernas vamos a subir por Urkiolamendi, a un ritmo demasiado rápido para mí, pero hay que adaptarse a lo que hay, ¡estos tíos no me van a dejar tiempo para sacar ni una sola foto! No importa, yo a mi ritmo y a intentar disfrutar del día, que las nieblas mañaneras parece que prometen una buena jornada, al menos en lo climatológico…


Creo que hemos batido el record de subida a Urkiolamendi, por el camino no hemos hecho más que adelantar a otros montañeros, menos mal que en la cima se detienen un poco para contemplar el paisaje. Anboto, que es nuestro próximo objetivo, está oculto entre las nubes, al igual que gran parte de la sierra de Arangio, de la que podemos ver la escarpada cima de Ipizte.


Desecendemos hacia el collado de Asuntze para tomar la pista que lleva hacia los prados de Zabalandi. Ahora, a nuestra espalda, quien queda oculto por la neblina es Urkiolamendi.
La pista continua, pero al llegar al collado de Pagazelai tomamos un desvío a la izquierda que se introduce en un hayedo, aquí el camino se empieza a poner cuesta arriba de verdad.

Mis compañeros siguen con un ritmo bastante fuerte, un ritmo que intentamos seguir todos, pero al final acabamos subiendo cada uno a su propio ritmo, total la cima no se va a marchar, así que mientras Iñigo, Maricarmen y yo hacemos un pequeño grupo, los demás tiran para arriba como cohetes. La niebla nos acompaña hasta que llegamos al cordal, aquí las nubes empiezan a deshacerse y por fin podemos ver el sol, el camino recorrido y el cresterío, donde nos espera Miguel, posando para la posteridad.
Ya solo nos queda recorrer la parte en teoría más complicada de la subida al Anboto por esta ruta, más que nada porque la roca está bastante pulida y porque la caída puede impresionar un poco, pero mirando bien donde se pisa no tiene porqué haber ningún problema. En la cima nos reunimos todos para compartir un aperitivo y, cómo no, disfrutar de las vistas. También hay que dejar la pertinente tarjeta firmada en el buzón.
Ya me había ilusiones de que me iban a dejar un rato para sacar fotos, pero nada, antes de darme cuenta otra vez se han puesto en marcha. Vamos a descender hacia Zabalandi. Avanzamos por la cima en busca de las marcas de pintura roja que indican el camino a seguir. Esta bajada me encanta, todo roca hasta llegar casi a la parte baja donde aparece la hierba, pero antes hacemos una pequeña parada.
No es que estemos cansados ni que yo les haya suplicado que por favor fuesen más despacio, ha salido de ellos mismos, pero claro, ¿Quién no se pararía ante semejante cosa? Estamos junto al ojo de Eskilar, un agujero abierto en la roca y que atraviesa la montaña. “El intrépido” no puede evitar encaramarse a lo más peligroso para ser inmortalizado por las cámaras, pero es que él es así, de lo contrario no sería “el intrépido”.


Seguimos bajando, con la mirada puesta en Zabalandi y dejando atrás la pared de roca blanca del Anboto. Una vez alcanzamos la zona donde comienza la hierba nos desviamos hacia la derecha para acercarnos a una generosa fuente donde aprovechamos para beber y contemplar el lugar por el que hemos bajado.
En Zabalandi no podemos menos que volver a pararnos un poco para mirar una vez más a este coloso que es el Anboto y la preciosa silueta que presenta por esta cara.

Pero basta ya de paradas, que aún nos queda mucho camino por recorrer. El siguiente objetivo es Ipizte, el mismo que veíamos unas horas antes entre la niebla, ahora lo tenemos sobre nosotros y en quince minutos escasos nos plantamos en su cima, aunque Miguel se pierde subiendo entre las rocas y aparece por donde menos se lo puede esperar uno.


Descendemos por detrás de Ipizte en dirección al GR-123, una pista que nos llevará hasta Betsaide, pero antes, esta vez sí, pararemos un buen rato para comer y descansar. Buscamos un buen sitio donde sentarnos y poder ponernos cómodos, algunos más cómodos que otros, pero eso sí, que se vea bien el Anboto.
Después del merecido descanso y una vez repuestas las fuerzas ya podemos continuar el camino hacia Betsaide. Dejamos definitivamente atrás Ipizte y nos dirigimos hacia la pista del GR-123. Por delante aún nos quedan unos cuantos kilómetros y varias cimas, y por detrás la silueta del Anboto que, poco a poco se va haciendo más pequeño y, ayudado de las nubes, acaba desapareciendo de nuestra vista.


La siguiente referencia de paso es la cima de Tellamendi, con su gran cruz de hierro y donde apenas nos paramos unos minutas para hacernos unas fotos. Rápidamente descendemos hacia el collado que separa Tellamendi de una nueva cima, Lurgorri, donde de nuevo nos detenemos el tiempo justo para la foto junto al buzón en su rocosa cima. Hay que seguir, tenemos que llegar a Elorrio…

Tras abandoner la cima de Lurgorri se desciende por fuerte pendiente a través de un precioso hayedo, hasta reencontrarnos con la pista que lleva a Betsaide, última de las cimas por las que pasaremos hoy.
Betsaide es conocido por ser el punto de encuentro de las tres provincias vascas, puedes sentarte en un hito y tener una parte del culo en Vizcaya, otra en Alava y otra en Guipuzkcoa. Pero también es un lugar de encuentro para el recuerdo de todos los montañeros vascos fallecidos en la montaña, así lo testimonian los dos monumentos levantados en su memoria, uno de corte clásico, coronado con una cruz de piedra y otro más modernista.


Con la vista puesta en el Udalatx, una de mis montañas preferidas, y tras otra corta parade para refrescarnos en la fuente de Betsaide, seguimos la ruta por la interminable pista que lleva hasta Elorrio. El cansancio ya se nota en todos nosotros, y parece que alguno también se quedó con hambre y no queda más remedio que asaltar los zarzales en busca de su preciado fruto, las moras.

Los últimos kilómetros se hacen bastante pesados, mis compañeros otra vez van por delante, pero esta vez no es porque ellos corran, sino porque yo me quedo atrás. Me estoy acordando de aquel día en Bermeo, pero no, esto no se ha parecido en nada a lo de aquel día, esto sí que volvería a repetirlo, por el recorrio, por el buen día que nos hizo y por la compañía.


En Elorrio cogimos de nuevo el autobus hacia Bilbao. Esto parece una tontería, pero también demuestra que se puede ir al monte dejando el coche en casa, algo que para mí, hast ahoy, era impensable, pero habrá que tenerlo en cuenta para futures salidas…



f o t o s






t r a c k

17 de septiembre de 2010

Mesa de los Tres Reyes

12 de septiembre de 2009

“…hay momentos en la vida en los que hombre tiene que hacer lo que un hombre tiene que hacer…” esto lo escribía hace ya más de dos años, en mi primer intento de subida a la Mesa de los Tres Reyes. Aquella calurosa tarde de julio me pudieron las ganas y me faltaron las fuerzas (si alguien quiere recordar aquella tarde: MESA DE LOS TRES REYES). No llegué a la cima, pero fue uno de los días que más he disfrutado de la montaña, subir mientras todo el mundo bajaba y encontrarme allí arriba, yo sólo, ante esos paisajes inmensos es una sensación difícil de olvidar y más difícil de describir.

Madrugamos, lo justo para poder desayunar en el bar del camping-albergue de Zuriza donde estamos alojados, preparamos las cosas y marchamos hacia el aparcamiento del refugio del Linza, desde donde comenzamos la ascensión.

Miguel “el intrépido”, Iñigo “el prudente”, Felipe, Fernando y Garbiñe y Jose y Almudena son hoy mis compañeros en la subida a la montaña más conocida y visitada del Pirineo Navarro.

Con cierto aire castrense y con un ritmo muy tranquilo vamos remontando las primeras rampas, camino del collado de Linza, disfrutando ya del magnífico paisaje que nos rodea. A nuestra espalda destaca la pirámide de Txamantxoia, más al fondo Peña Ezcaurre.



En el Sobrante de Linza nos encontramos con una curiosa estampa, un gran rebaño de ovejas recorre la zona en busca de los mejores pastos, al igual que los montañeros, en fila india, sin salirse de los senderos.


Al llegar al collado de Linza hacemos una pequeña parada, aun no hace mucho calor, pero nos espera La Solana, una depresión a los pies del impresionante Petrechema y que da un pequeño respiro a las piernas, poco rato, porque una vez atravesamos La Solana el camino de nuevo se vuelve cuesta arriba, hacia una zona de rocas y grietas donde “el intrépido” se siente como pez en el agua. Mientras disfrutamos de las magníficas vistas aprovecho para hacer una foto de mis compañeros.

Dejamos atrás la Solana y tras atravesar una zona kársticas descendemos unos pocos metros para enfilar el barranco que con una pendiente no muy fuerte, pero sostenida, nos llevará hasta la base de la Mesa. Hace un día espléndido, con esas nubes blancas que tanto me gustan y que le dan un toque de color a las fotos .



Poco a poco vamos remontando el barranco y ya podemos ver la cima, al pasar por el lugar donde me tuve que quedar en mi primer intento de subida me vienen un montón de recuerdos, parece mentira que me quedara tan cerca… ahora pienso que un pequeño esfuerzo más hubiera merecido tanto la pena… pero volvamos al presente, un último tramo entre rocas donde la pendiente se agudiza nos deja en el cordal, ante nosotros aparece la mole del Auñamendi que se eleva sobre el karst de Larra.



Cinco escasos minutos nos separan de la cima. En la última parte de la subida cada uno hemos ido a nuestro ritmo, por delante Felipe, Jose, Almudena y Miguel ya casi están arriba, Fernando y Garbiñe vienen un poco más retrasados, Iñigo y yo nos tomamos unos minutos de respiro mientras buscamos el camino más cómodo para alcanzar la cima y también aprovechamos para sacar fotos de todo.



La última parte de la subida es un tanto caótica, el camino se divide en varias direcciones y parece que cada uno sube por donde puede. Yo bordeo la cima por la derecha siguiendo un sendero que acaba frente a un muro de roca aparentemente infranqueable, a mi izquierda hay una chimenea que en sus primeros metros exige estirarse mucho, pero tiene buenos agarres, así que no me lo pienso más y tiro todo recto para arriba, unos metros más de sencilla trepada y aparezco a cincuenta metros de la concurrida cima.



Pocas cimas me he encontrado con tal aglomeración y ahora vuelvo a lamentar el no haber podido llegar hasta aquí aquella primera vez, seguramente la sensación hubiera sido muy distinta, evidentemente estoy satisfecho de haber hecho cima y de contemplar el paisaje que me rodea, pero, cuan diferente hubiera sido con la cima para mí sólo contemplando el atardecer…

Pero bueno, disfrutemos del momento, con o sin gente la vista es espectacular. Frente a La Mesa, hacia el norte destaca sobre todo la figura del Auñamendi con sus 2.506 metros. Por debajo de La Mesa, flanqueando el Lac de Lhurs tenemos al Peneblanque y el Billare y la Tabla.



No menos impresionantes son las vistas hacia el karst de Larra y el cordal hacia el Budogia, por donde se puede ver perfectamente el camino que hay que recorrer desde el collado de Linza.


Pero también hay tiempo para regocijarse con la cima de La Mesa, eso sí, hay que hacer cola para poder fotografiarse junto castillo de San Javier y la estatua del santo, a quien seguramente un rayo le ha hecho perder su verticalidad y parece mirar hacia abajo, más horrorizado que adulado por tanta presencia humana.


Después habernos reunido todos en la cima y reponer fuerzas, unos decidimos bajar hasta la Tabla mientras el resto inicia poco a poco el descenso. Asomarse al vacío y contemplar cómo se van formando las nubes casi mil metros más abajo es otra de esas visiones que difícilmente se olvidan. Las vistas hacia Petrechema son espectaculares.



Comenzamos el descenso rodeando La Mesa de los Tres Reyes para reunirnos con el resto del grupo. La pared que se forma entre La Mesa y Petrechema hace que las nube suban hacia arriba e inmediatamente se disipen, es un efecto precioso, parece como si se tratara del cráter de un volcán a punto de estallar.


Mientras descendemos a Miguel “el intrépido”, a quien sino, se le ocurre preguntar si es posible enlazar con Petrechema desde donde estamos, hay un breve murmullo seguido de un revuelo de papeles y mapas… pues claro que se puede enlazar, de hecho parece que hay hitos y restos de senda, lo que pasa es que hay que atravesar un endiablado karst, pero ¿qué es eso para nuestro amigo “el intrépido”? Fernando le presta uno de walkies que lleva para, por lo menos, poder estar en contacto, ya que nadie más del grupo parece estar dispuesto a acompañarle, pero Miguel es así, y en pocos minutos pasa de ser uno más del grupo a un pequeño punto negro sobre el gris de la roca “nos vemos abajo, chicos”.



El resto hacemos una pequeña parada para comer algo y seguimos descendiendo., volviendo la mirada atrás de vez en cuando para no perder de vista ni a Miguel ni La Mesa.


El descenso se realiza por la misma ruta de subida, así que vamos pasando sucesivamente por los mismos sitios, el barranco y la zona de rocas y grietas antes de llegar de nuevo a la Solana. Una y otra vez las miradas se van hacia ese puntito negro que se mueve hacia el Petrechema.


Seguimos atravesando la Solana contemplando la excepcional estampa del Petrechema y nos vamos acercando al collado de Linza. La Paquiza de Linzola también nos muestra una de sus caras.

Estamos a punto de llegar al collado de Linza cuando suena el walkie de Fernando, es “el intrépido”, acaba de hacer cima en Petrechema, está eufórico, pero dice que es una pena no tener cámara de fotos para inmortalizar el momento, no te preocupes Miguel SI FOTO=SI CIMA.


Miguel descansará un poco en la cima, pero nosotros seguiremos bajando. Echamos las últimas miradas hacia el paisaje que dejamos atrás, la Mesa cubriéndose de nubes. La Solana y el magnífico Petrechema.

De nuevo el grupo se ha dividido, por delante van Felipe, Jose y Almudena, detrás de ellos vamos Fernando, Garbiñe, Iñigo y yo, y “el intrrépido”, bueno, “el intrépido” ya sebéis donde anda.


En el sobrante de Linza se encuentra uno de los rincones que más me gustan de lo poco que conozco de Pirineos, la vista sobre el Acherito es impresionante y como decía antes, esas nubes que se forman hacen que salgan una fotografías muy bonitas.


Tal y como empezamos, un goteo incesante de montañeros nos vamos aproximando al final de la ruta, en fila india, con el cansancio reflejado en la cara, pero también con un gran sentimiento de satisfacción. Una última mirada hacia atrás y a esperar que esto vuelva a repetirse pronto.


f o t o s



 

Perdido en las alturas © 2008. Chaotic Soul :: Converted by Randomness