28 de octubre de 2009

Montañas de Extremadura: La Almenara

26 de agosto de 2009

Agosto, 35 grados… a la sombra, un sol de justicia y poca sombra para cobijarse… la verdad es que así no dan muchas ganas de salir al monte, pero bueno, hay que aprovechar todas las oportunidades que surjan, aunque tampoco hay que abusar, así que hoy toca paseo tranquilito, voy a subir al cerro de La Almenara, llamado así porque está coronado por los restos de una antigua torre de origen árabe, de base pentagonal y desde la que se domina una vasta extension de terreno.

Desde la puerta de mi casa hasta La Almenara hay un bonito desnivel de casi 700 metros, que no es moco de pavo, pero como he dicho, prefiero un paseo tranquilito, así que mi intención es subir desde lo alto del puerto que separa las localidades de Torre de Don Miguel y Gata. Justo en el alto se toma una pista de tierra a la derecha que llega hasta una gran balsa de agua y ahí dejo el coche. Sigo por la pista, ya caminando, hasta que me encuentro con una verja, o al menos hasta hoy eso es lo siempre me había encontrado, una verja con un pasador que se quitaba, cruzabas y volvías a dejarla cerrada, pero ahora hay una enorme puerta opaca y una valla de alambre de espino sobre un murete de piedras… en fin, salto el muro y el alambre como buenamente puedo y sigo mi camino, pero a los pocos metros me aparece un señor motorizado y con cara de pocos amigos me pregunta que por donde he entrado… resulta que no sé quien, ha comprado los terrenos, los ha vallado y ha puesto un guarda para que nadie pase por ahí, por donde durante años todo el mundo se ha paseado para llegar hasta La Almenara, sobre todo si vas con crios pequeños, pues se trata de un paseo de una media hora, pero parece que a alguien que vive a cientos de kilómetros de aquí debe molestarle mucho, así que después de amenazarme con denunciarme a la benemérita me invita a abandonar esos terrenos “privados”.

Vuelta al coche y tras unos momentos de duda decido acercarme hasta el pueblo de Gata e iniciar allí la subida, que por cierto, es mucho más bonita y recomendable que la que atraviesa los terrenos de algún nuevo señorito.

El camino comienza frente a las piscinas del pueblo, el cual enseguida abandonamos tras caminar entre sus callejas.


Y a lo lejos (cerca si utilizo el zoom) aparece mi objetivo, la torre de La Almenara.


El sendero es un camino utilizado por la gente del pueblo para acceder a los numerosos huertos que se asientan en las laderas de la montaña y poco a poco se va ganando altura. Durante gran parte del camino un canal de agua discurre por el mismo así que puedo refrescarme de vez en cuando, lo cual se agradece, incluso se puede beber sin ningún miedo, al menos eso me han asegurado unos operarios del ayuntamiento con los que me he cruzado y que están acondicionando el camino como ruta de acceso a La Almenara, de hecho creo que se han pasado un poco pues la senda parece una auténtica autopista que llega hsta la base misma de la torre, y eso le puede restar cierto encanto al camino, pero bueno, al menos piensan en los turistas que se acerquen hasta el pueblo y quieran subir hasta esta atalaya, no como otros, que se dedican a poner puertas y vallas de espino…


Atravieso un bosque de robles por el que me han acompañado unas muy desagradables moscas que se me pegaban a la cara, me he pasado todo el camino sacudiéndomelas con una rama, pero al acabar el bosque desaparecen, lo cual es un gran alivio. El camino se empina un poco y enseguida se llega a un collado donde descanso un poco y planeo la ruta de vuelta. La idea es subir primero a La Almenara y regresar al punto de partida recorriendo el cordal que va desde la torre hasta el mismo pueblo.


Bueno, lo primero es La Almenara, así que continuo el paseo que lleva hasta arriba, como ya he dicho, los operarios municipales se han empleado a fondo, sobre todo en esta parte, aunque por si alguien tuviera dudas también hay marcas de pintura e hitos.


En unos pocos minutos se llega al final de la subida, una mirada atrás muestra el camino recorrido desde Gata.


Una vez junto a la torre aprovecho para sacar fotos desde todos los lados, la verdad es que ya he subido unas cuantas veces hasta aquí, pero casi nunca me he quedado más de unos minutos, hoy me sentaré tranquilamente a disfrutar de las vistas y de la cinco paredes de La Almenara.


Después de esta sesion de fotos de la torre toco fijarse también en algunos detalles.


Es hora emprender el regreso y completer el recorrido circular que he pensado, seguir el cordal hasta llegar al pueblo. Primero debo descender por el camino de subida hasta el collado y de nuevo toca subir. En semana santa hubo un pequeño incendio en la zona, camino entre las cenizas y los restos calcinados de los matorrales hacia unas rocas ennegrecidas. Hace años enormes incendios devastaron gran parte de la comarca y aún parece que hay gente que no desea ver árboles, entre estos y los de las vallas acabarán con el monte…


Pero la naturaleza resurge de sus propias cenizas y el verde comienza a aflorar de nuevo, solo hace falta que llueva un poco y pronto la zona volverá a cubrirse del característico monte bajo.

De cada matorral quemado surge nueva vida y yo continuo mi camino entre tizones hacia unas formaciones de rocas, aquí se les llama canchales, en mi reportaje de LAS JAÑOÑAS pudisteis ver una buena colección de fotos de estas rocas y las curiosas y espectaculares formas que llegan a tomar.

Finalmente decido que no voy a volver al pueblo recorriendo el cordal, hace demasiado calor y estoy un poco cansado, así que dedicaré el resto de la jornada a los pequeños grupos de rocas que me voy encontrando y sacaré fotos. La zona quemada ha quedado atrás y ahora me muevo por un terreno bastante tupido, apenas puedo ver donde piso y avanzo lentamente y con cuidado de no meter el pie en algún agujero. Me dirijo hacia otro montón de rocas.


De una rocas me dirijo a otras buscando las que más me llaman la atención, unas por su enorme tamaño y otras por las formas tan caprichosas en que se asientan.


Hasta ahora me mantenido en ligero ascenso o caminando a media ladera, pero es hora de ir bajando. Como dice mi amigo “el ultimo superviviente” la mejor manera de salir de aquí es siguiendo el curso de un río, así que le haré caso, aunque esta vez se trate del curso seco de un arroyo, la cosa es bajar lo más cómodo posible, eso sí, allá donde veo rocas para fotografiar allá que me voy.


Me alejo de mis rocas y me dirijo hacia el camino que utilicé para subir, hacia el bosque de roble con sus molestas moscas, que siguen ahí, esperando a que alguien pase para pegarse a él.

La verdad es que ha sido un paseo bonito, y en un caluroso día de agosto como el de hoy siempre se puede aprovechar y acabar el día relajando las piernas y el cuerpo en las piscinas de Gata.





f o t o s

Música de Alannah Myles: "Black Velvet"

19 de octubre de 2009

Torre Salinas: yo por ahí no bajo!

27 de Julio de 2009

Viernes por la tarde, por fin llegan nuestros amigos al camping y podemos montar la tienda junto a su caravana. La tienda es una de estas que se montan en 2 segundos, pero luego hay que hinchar las colchonetas, acomodar las cosas y pasar por recepción a registrarse, y eso lleva su tiempo. La verdad es que estoy impaciente por acabar y marcharme… sí, he dicho marcharme. Estoy en el camping de Isla (Cantabria) donde mi mujer y mi hijo se quedaran el fin de semana con los amigos del colegio del chiquillo… yo me piro a Picos de Europa. En el albergue de Baro me esperan “el intrépido”, “el prudente” y Mati “la correcaminos”, mañana haremos el Torre Salinas.
He llegado ya de noche, pero lo poco que he podido ver promete. Baro es una pequeña aldea muy tranquila y el albergue está genial. Cenamos, charlamos un rato y a la cama, que hay que madrugar.
Apenas despunta el día y parece que estará algo cubierto, pero cuando acabamos de desayunar y salimos fuera del albergue descubrimos que no, que la cosa pinta bien, un cielo azul comienza a verse mientras las nubes se retiran. Las montañas que tengo en frente ya son motivo suficiente para acercarse hasta aquí, pero lo que me voy a encontrar al llegar a Fuente Dé… eso es otra historia.
Aparcamos en la explanada junto al Parador Nacional. Mis compañeros ya se han calzado las botas y las mochilas, pero yo sigo con la boca abierta ante tan impresionante muralla de roca, “pero… ¿por ahí se puede subir?” Pues sí, si se puede (se nota que es la primera vez que estoy por aquí ¿verdad?) Mientras ellos comienzan a caminar yo termino de acomodarme la mochila y comienzo la sesión de fotos. Nos dirigimos a los Tornos de Liordes para acceder a la Vega de Liordes.


Hoy me toca uno de esos días en los que me cuesta cogerle el tono a la montaña, los Tornos de Liordes no es que sean muy duros, aunque la subida se hace un poco larga, las innumerables zetas que hace el camino parece que no se acaban nunca, apenas acabamos de empezar y ya tengo que pararme a coger aire y fuerzas en cada curva, además parece que el sol va a calentar bien durante todo el día. Pero bueno, no hay mal que por bien no venga, he podido sacar muchas fotos, pero la que más me interesa es la primera imagen que tenga de Torre Salinas, y esta se ha hecho esperar y ha requerido un gran esfuerzo, pero al final ahí está, antes de acceder a las praderas de la Vega de Liordes aparece ante nosotros esta colosal mole de roca, Torre Salinas.


Esta imagen ya no nos va a abandonar hasta que comencemos la ascensión por la roca. Pero antes debemos cruzar la no menos impresionante Vega de Liordes, una zona de verdes pastos rodeada por gigantes de piedra.
El pequeño arroyo que cruza la vega hasta desaparecer bajo las rocas se empantana en la zona más llana de la vega formando pequeñas lagunas donde se reflejan las todas las montañas, pero hoy sólo me interesa una…


Se acaba la hierba y llegamos a la base de Torre Salinas, este tramo me ha servido para recuperar fuerzas y disfrutar del paisaje. He comentado a mis compañeros que por mí me quedaría aquí mismo todo el día paseando por la vega, pero no, hemos venido a hacer el Torre Salinas y no van a dejar que me quede aquí. Comenzamos a subir.
Se asciende bordeando la montaña por su izquierda, siguiendo el sendero balizado que lleva a la canal de Pedavejo hasta un punto donde nos desviamos a la derecha siguiendo ya sólo el camino marcado por los hitos. Mati va delante, por eso la llamo “la correcaminos”, y “el prudente” de Iñigo la sigue a su ritmo, a mi aun me cuesta un poco avanzar, pero menos mal que ahí está “el intrépido” para dar ánimos y un poco del milagroso aquarius.


Ganamos altura con rapidez y el paisaje comienza a mostrarse en todo su esplendor. La nieve aún se mantiene por las zonas más altas no puedo dejar de darme la vuelta cada pocos pasos para contemplar lo que tengo a mis espaldas.


La nieve que encontramos, no mucha, está blandita y se anda bien, aunque en algunos tramos parece un tobogán por el que no me gustaría tener que deslizarme…
“El prudente” y “la correcaminos” siguen sacándonos ventaja, pero yo ya me he entonado y ahora subo bastante bien, así que “el intrépido” decide dar caza a nuestros compañeros y para ello decide tomar un pequeño atajo, o sea, subir en línea recta, da igual lo que se le ponga por delante…


Bueno, dejemos al “intrépido” disfrutando a su manera… los de delante han aflojado el paso y les he alcanzado justo al llegar a una lengua de hielo de dimensiones considerables que cubre una canal y que poco a poco se derrite formando un túnel para dejarnos pasar pegados a la roca. Ha sido un tamo especialmente bonito, aunque por debajo la roca está muy descompuesta y cuesta avanzar, me imagino la pedrera que tiene que haber aquí debajo cuando no hay nieve o hielo. La pendiente también es mayor y hay que agarrarse bien a la pared de piedra, pero ha sido muy, muy bonito.


El hielo sigue hacia arriba, pero debemos desviarnos a la izquierda siguiendo los hitos. A partir de aquí viene un tramo muy empinado y con la roca muy suelta, yo no hago más que pensar en la bajada… yo por aquí no bajo… resbala muchísimo y hay que agarrarse a cualquier cosa, rocas, hierbas, lo que sea para no caer hacia abajo. Mientras tanto, “el intrépido” intenta buscar un paso para sortear el hielo y unirse a nosotros.
Finalmente volvemos a estar todos juntos y subimos sin separarnos. Pasado este tramo algo complicadillo otra vez hay tiempo para disfrutar de las vistas a uno y otro lado. Aun nos queda un rato hasta la cima, pero el camino es más cómodo, sólo hay que seguir los hitos hasta alcanzar el cresterío.


Alcanzado el cresterío las ansias por llegar a la cima hacen que cada uno vuelva a andar por su lado, hemos perdido los hitos y buscamos la zona más cómoda para subir entre las rocas y afrontar una pequeña trepada. Yo me decanto por la zona derecha del cordal, me agarro a una roca para trepar y apoyo fuertemente el pie sobre una gran roca que tengo debajo, tomo impulso y la piedra que está bajo mis pies cede y se desliza por la ladera con un gran estruendo, en cuestión de segundos se ha desecho en mil pedazos mientras caía, al final es posible que haya sido una suerte que nos hayamos separado un poco, si llega a haber alguien detrás de mí se lo lleva por delante.
Por fin vemos la cima, un pequeño montón de piedras que bien podría confundirse con un hito marca el punto más alto de esta montaña, después de lo que he sufrido al principio y de lo que me ha costado subir, he sido el primero en llegar y aquí espero a mis compañeros mientras disfruto de la vista.


Hace un poco de aire y, aunque luce el sol, se siente algo de frío, pero la sensación de alegría en el grupo es notoria.
Aprovechamos para reponer fuerzas y pasearnos por la cresta cimera, de frente tenemos las desgarradas paredes de Torre de Liordes y detrás… pero, ¡que es eso! ¿pero qué haces Iñigo? Ya sabemos que “el intrépido” es un fuera de serie, pero tampoco es para tanto…
Es hora de pensar en la bajada, que el camino de vuelta también es largo y como decía mientras subíamos, en algún tramo puede ser hasta peligroso dadas las condiciones del suelo. Es entonces cuando se ha planteado la idea de bajar por la vertiente opuesta, la verdad es que la idea ha sido mía, me ha parecido que el terreno era muchísimo más cómodo y fácil, sólo había que descender por una pedrera hasta una zona de hierba y rocas y después buscar alguna canal que nos bajara directamente a los prados y pistas que se veían al fondo, hacia el collado de Valdeón. La verdad es que no lo teníamos muy claro, en el GPS no había marcado ningún sendero, pero tampoco parecía haber ningún obstáculo importante, pero, como siempre, ahí estaba “el intrépido” para tomar decisones.
Pues como veis al final bajamos por la pedrera. La idea era buscar una canal que nos bajase hasta el valle, pero la cosa no era tan sencilla…


Rápido y sin contratiempos alcanzamos la zona de hierba y comenzamos a buscar una canal por la que descender. La pendiente es fuerte, pero el terreno es muchísimo más cómodo de andar que el camino por el que hemos subido. “El intrépido” va delante, pero como he dicho, la cosa no es tan fácil como se veía desde arriba, las canales son muy empinadas, estrechas y apenas se ve unos pocos metros, Mati, Iñigo y yo no nos atrevemos a meternos por ahí, intentamos localizar algún sendero, marcas de pintura o hitos que nos guíen hacia algún paso que al menos haya sido utilizado por alguien, pero nada, no nos queda más remedio que avanzar a media ladera bordeando la montaña con la esperanza de encontrar algún sitio por donde bajar.
Vamos sorteando una tras otra las canales que van apareciendo a nuestro paso, pero por ninguna de ellas vemos un camino asequible para todos. En el mapa de Picos de Europa que llevo en el GPS no aparece ningún sendero, tampoco aparece ningún gran obstáculo que nos pueda cortar el avance y nos obligue a retroceder o a subir hacia arriba, pero tengo que reconocer que he llegado a pensar que en algún momento nos íbamos a encontrar con algún cortado, algún destrepe peligroso y tendríamos que volver por donde hemos venido… Hay cierto nerviosismo en el grupo, bueno, en todos menos en Miguel, “el intrépido”.


Miguel sigue delante y, desde lo lejos, le vemos hacernos señales, ¡hay hitos y camino! Uff, menos mal, parece que al final no ha sido tan mala idea descender por este lado de la montaña. Una mirada al GPS confirma que estamos casi junto al sendero que viene desde Posada de Valdeón y se dirige a la canal de Pedavejo. Ahora sí, respiramos todos tranquilos, y eso se nota.
Alcanzamos los prados que veíamos desde la cima de Torre Salinas y que tantas ganas teníamos de pisar, al menos, y seguro que los demás también. Tomamos dirección hacia la canal de Pedavejo para luego descender hacia la pista que nos devolverá hasta Fuente Dé.
Nos sentamos al final de la canal de Pedavejo para descansar y comer otro poco mientras observamos la gran cantidad de personas que bajan por la canal, entre ellos un numeroso grupo de un club de montaña con los que coincidimos en un tramo durante la ascensión, aunque al Torre Salinas subimos sólo nosotros.


El grupo de montaña, en fila india, bien ordenaditos, pasa junto a nosotros y continúan su camino. Poco después nosotros seguimos sus pasos, ya sólo nos queda un paseito, primero por una zona de prados y después por una pista balizada como sendero de pequeño recorrido.
Aun hay tiempo para disfrutar de este paisaje, ahora con la seguridad de que el camino nos lleva a donde queremos ir.
Y con la vista puesta en un horizonte muy cercano con forma de montaña que destaca sobre la estación superior del teleférico de Fuente Dé… una montaña que, a pesar de su nombre, me será difícil olvidar.



f o t o s

t r a c k



4 de octubre de 2009

Sierra de Aloña, de cima en cima entre nubes

21 de junio de 2009

La noche anterior me llamó “el intrépido” a eso de las 23:00, yo ya estaba en la cama y a punto de coger el primer sueño, pero bueno, cogí el teléfono “¡que pasa werlisa, que mañana he quedado con dos del club (Aldatz Gora) para hacer una salida por la sierra de Aloña, que si te apuntas!” ¿sierra de Aloña? En ese momento no era capaz de ubicar la sierra de Aloña geográficamente, pero que mas da, una salida al monte es una salida al monte, y si va “el intrépido” la diversión está asegurada, así que al día siguiente, a las 8 de la mañana me recoge “el intrépido” junto con sus dos compañeros del club, Jon y Mati, y ponemos rumbo a Oñate, es que ahora ya se cual es la sierra de Aloña y donde está.
La idea es hacer la sierra íntegramente, así que el punto de partida es el barrio de Urtegain, en la carretera que une Oñate con el santuario de Arantzazu. Dejamos el coche en un aparcamiento frente a un restaurante y comenzamos a subir por un ancho y empinado sendero, demasiada pendiente para ser el principio…



Atravesamos una zona de bosque, pero enseguida salimos a terreno despejado y podemos disfrutar de las primeras y casi únicas vistas de toda la jornada, las nubes cubren lo alto de la sierra y no nos van a dejar ver prácticamente nada más allá de unos pocos metros.
Rápidamente, demasiado rápido para mí, alcanzamos el inicio del cordal de Aloña y llegamos a su primera cima. Como ya he dicho las nubes no dejan ver mucho, las feas antenas del repetidor de TV y, de vez en cuando, se intuye la cima de Gorgomendi con su gran cruz.



Por delante van Mati y “el intrépido”, dos auténticos correcaminos, menos mla que Jon va a mi ritmo, sino creo que me habría tocado hacer toda la travesía yo sólo. Las nubes ocultan lo que tenemos por delante y sólo cuando nos acercamos vamos descubriendo cosas, como por ejemplo la fuerte pendiente que nos espera hasta la cruz de Gorgomendi.
Como digo, a medida que avanzamos vamos descubriendo el camino y me voy dando cuenta de lo que seguramente nos estamos perdiendo, en un día despejado debe ser una gozada pasearse por esta sierra, en el tramo hasta la siguiente cima, Kurtzezar, por delante tenemos un terreno escarpado, con rocas afiladas y resbaladizas por el efecto de la humedad y a la izquierda se intuye una importante caída hacia el valle.



A parte de firmar en las tarjetas del club e ir dejándolas en los buzones poco más podemos hacer, seguir avanzando, de cima en cima, y pensar en repetir el recorrido, pero con buen tiempo, de esta forma alcanzamos Botreaitz, siempre ganando altura desde que iniciamos el cresterío, Botreaitz alcanza los 1.321 metros, máxima cota del día.
Descendemos un poco por las rocas para luego volver a subir por zona herbosa hacia la siguiente parada, Arkaitz.
Seguimos avanzando, ahora es el turno de Urrabiatza con su cima llena de setas…
La roca comienza a desaparecer bajo nuestros pies para dejar paso a la hierba, lo cual se agradece. Por momentos parece que las nubes van a desaparecer, pero no, sólo nos dejan ver un poco el cielo azul y la bonita cima de Artzamburu, que se convierte en una tentación casi irresistible. Mientras tanto, llegamos a la que va a ser la última cima del día, Arriurdin



En Arriurdin nos tomamos un pequeño descanso para decidir que rumbo tomamos y aprovechamos para hacernos una foto del grupo, bueno, hay alguno que no ha podido resistir la tentación ante tan original buzón para hacernos reír un poco. Las nubes siguen ahí, pero a veces nos dejan ver un poco de lo que nos hemos perdido mientras veníamos.
Tras el descanso hemos decidido bajar hacia el collado que separa Arriurdin de Artzamburu, la sierra de Aloña de la sierra de Aizkorri, en busca de una curiosa roca, “amabirjinaren sillea”, llamada así porque, según la tradición, la virgen se sentó en ella debido a su forma de silla.
Parece que ahora las nubes sí comienzan a disiparse y podemos disfrutar un poco del sol y de las vistas de la zona. No vamos a subir al Artzamburu, pero aprovechamos para pasear un poco por la zona y para que “el intrépido” haga lo que más le gusta, subirse a cualquier cosa que esté a más de dos metros por encima del suelo, aunque hoy no ha sido el único, tened cuidado si os lo encontráis por esos montes, que lo suyo es más contagioso que la gripe A.



Después de la sesión fotográfica en la pasarela Artzamburu iniciamos el camino de vuelta. Recorreremos la base de la sierra de Aloña primero por sendero y después por pista hasta la primera de las cimas del día, Belauko.
Como suele ocurrir a menudo, ahora que estamos de vuelta comienzan a desaparecer las nubes y podemos contemplar el cordal que hemos recorrido durante la mañana y lo diferente que es paisaje de aquí abajo, la roca se funde primero con los prados que después e convierten en bosque. Algo que nos llamó mucho la atención fue la gran cantidad de caballos que había por la zona.



Mis tres compañeros marchan por delante mientras yo me entretengo en sacar fotos del ganado que pasta en las laderas herbosas de Aloña
Tras un agradable paseo en amena conversación, llegamos a Belauko. Las nubes siguen ahí, pero ahora están más altas y podemos ver lo que nos ocultaban esta mañana. Ha sido una pena no poder disfrutar al cien por cien de las vistas de esta sierra, pero bueno, así ya tengo excusa para volver.
Regresamos por el camino de subida. Mati y “el intrépido” ultiman los preparativos para la próxima excusión, que será dentro de una semana, a la que estoy invitado y que será para mí una de las mejores de este año.
Ha sido bonito compartir la excursión con Mati y Jon. Jon es otro gran aficionado a la fotografía y mientras descendemos nos quedamos algo rezagados, vamos charlando sobre nuestras preferencias, técnicas y equipo cuando casi de repente los dos nos callamos unos segundos, sacamos las cámaras a la par y…



Es que a veces uno no sabe donde acaba el montañero y dónde empieza el fotógrafo, pero es que nos lo habían puesto, como se suele decir, “a huevo”.




f o t o s



Música de Cyndi Lauper: "Time After Time"



t r a c k


20 de julio de 2009

Un paseo por Itxina

30 de mayo de 2009

Hoy no tenía muy claro hacia donde tirar, así que simplemente he cogido el coche y he salido de Bilbao, y sobre la marcha he decidido acercarme a Orozco y desde aquí hasta el barrio de Urigoiti, finalmente el destino elegido es Itxina. Y esta vez me adentraré en este fantástico rincón siguiendo el canal de Sintxita, el camino es bastante relajado hasta que se llega al inicio del canal, aquí comienza un fuerte ascensión hacia el collado de Itxingote.
La subidita hay que tomársela con calma, así que cualquier excusa es buena para detenerse un momento y hacer alguna foto, una cascada, un árbol, lo que sea.


Una vez alcanzado el collado la pendiente se suaviza y aprovecho las grandes rocas para sentarme a coger un poco de aliento. Se nota la primavera y el buen tiempo, infinidad de lagartijas se cruzan una y otra vez por todo el camino, alguna incluso se atreve a cercarse, así que…


Avanzo un poco y enseguida doy con las marcas de pintura que señalan las diferentes direcciones que se pueden tomar, Lexardi, Altipitax y Gorosteta. Mi primer destino de hoy es la cima de Altipitatx, así que para allá me encamino. Sólo tengo que atravesar una zona de árboles y rocas que enseguida dejan paso al empinado lapiaz que conduce hasta la cercana cima siguiendo las marcas de pintura roja.
Desde la cima las vistas hacia Itxina están tapadas por las copas de los árboles, pero frente a mí tengo la despejada cima de Ipergorta, otra de mis cimas favoritas, Usategieta, Odoriaga y todo el cordal de los montes de Arno. La ascensión es sencilla y merece la pena.


Aunque aparte de las vistas, Altipitatx bien merece una visita aunque sólo sea por ver uno de los buzones más curiosos de nuestras cimas.


Desciendo de Altipitatx por el mismo camino de subida hasta llegar al punto donde se encontraban las señales de pintura. Ahora tomo el camino que marca hacia Gorosteta, pero no me dirijo a esta cima, voy a seguir el camino hasta el paso de Kargaleku, que da acceso a las campas de Arraba, es un camino que no conozco y que nada más introducirme en el frondoso bosque me deja cautivado por la infinidad de rincones que esconde, a cada cual más bonito. A ello contribuye el fuerte contraste de los suelos cubiertos de hojas secas, el verde musgo que se apodera de troncos y rocas y la luz que se filtra entre las hojas de las hayas. Un lugar lleno de dolinas y por el que es un auténtico placer caminar.


Tras un agradable paseo por este camino marcado por hitos y restos de pintura, salgo a terreno despejado, paso junto a una gran sima y enseguida voy a dar a Kargaleku. Aquí aprovecharé para sentarse a la sombra, descansar y comer algo mientras disfruto del paisaje.
Continúo mi camino, esta vez para adentrarme en Itxina en dirección hacia los prados de Lexardi. El camino no tiene ninguna pérdida, al menos en un día despejado como hoy, con niebla esto es otra historia.
Llevo el GPS y en un momento determinado decido seguir un sendero que sale a la izquierda del que estoy siguiendo, lleva hacia alguna de las cimas del interior de Itxina y da un pequeño rodeo antes de acabar en Lexardi, hoy es un buen día para descubrir nuevos rincones, y desde luego merece la pena hacerlo. El camino discurre primero por lo alto de una loma para luego descender hacia una hondonada, aquí el camino atraviesa zonas de bosque y prado hasta llegar a los llanos de Lexardi.


Finalmente llego a Lexardi donde destaca una gran borda que se conserva en muy buen estado. Una pequeña parada para disfrutar del buen tiempo e intentar hacer alguna foto decente de la borda.
Otra vez toca introducirse por Itxina, el camino sigue hasta un cruce a pocos metros del ojo de Atxular, aquí se puede optar por salir de Itxina a través del ojo y volver a Urigoiti bordenado la cara este de Itxina o introducirse aún más en este complejo karstico descendiendo en dirección a la cueva de Supelegor, un lugar muy recomendable para visitar y disfrutar de una tarde por Itxina.
Pero Supelegor no es mi siguiente destino, al menos la cueva, porque adonde me dirijo es a la sima de Supelegor, que queda camino de la cima de Askorrigan. Tras descender un buen tramo se llega a los restos de una borda, aquí se puede seguir descendiendo hacia la cueva de supelegor o coger el sendero marcado con hitos y palos que surge casi a mi espalda en dirección a Axkorrigan.
Enseguida, en un tramo llano, rocoso y despejado, veo aparecer a mi izquierda, entre los árboles, la oscura boca de la sima Supelegor, desciendo con cuidado, el suelo está completamente cubierto de hojas secas que pueden esconder peligrosas grietas.


Este es otro de esos rincones de ensueño que se esconden en Itxina. El mugo sobre las rocas y los árboles toma infinitas tonalidades según la zona y por donde le de el sol. El suelo es una alfombra de hojas que se hunde bajo mis pies, tengo la sensación de que el suelo, o la sima, me van a tragar.
Tras un buen rato sacando fotos regreso al camino, me dirijo primero hacia la cima de Urtutxe, quiero repetir una foto que ya saqué hace un par de años, aquella vez la luz era mejor, pero no importa, las vistas desde esta cima también son muy bonitas, hacia un lado una caída vertiginosa hacia Egalesaburu y al otro, Itxina.


Continúo hacia la ya cercana cima de Askorrigan, que marca uno de los cuatro extremos de Itxina, es una cima muy rocosa y hay que tener cuidado de donde se ponen los pies. Allí donde la roca deja algún hueco, la hierba y las flores se han apoderado del terreno. Desde aquí se tiene una de las mejores vistas de Itxina.
Desde la cima parte un camino señalizado con pintura roja en dirección a la cueva de Supelegor y que también es el camino a tomar para dirigirse al paso de Atxaragun. En lugar de descender por aquí, decido seguir el cordal en dirección al portillo de Atxaragún, hay que tener precaución por el tipo de terreno, pero buscando los pasos más sencillos se llega sin ningún problema.


Atxaragun es uno de esos sitios que ponen a prueba las rodillas de cualquiera, es un descenso vertiginoso y que hay que hacer con buen tiempo, o al menos cuando no esté mojado, pues un resbalón te puede llevar directo hasta el canal de sintxita, que está varios cientos de metros más abajo, así que hay que tomárselo con calma, asegurar bien cada paso y no tener vergüenza de echar el culo al suelo cuando haga falta.
Tras un descenso que se hace eterno por fin alcanzo de nuevo el canal de Sintxita, por donde empecé mi recorrido, sólo me queda queda recorrer el camino hasta el manantial de Aldabide, disfrutar de sus saltos de agua y descender hasta el aparcamiento del área recreativa de Urigoiti.


Al mirar atrás se tiene la imponente vista de esta cara de Itxina, con las Atxak en primer término y una pared de roca que parece que no tuviera fin.



f o t o s
Música de Black: "Wonderfull Life"



t r a c k



30 de mayo de 2009

6 días en Aramotz: un broche de oro (día 6)

23 de marzo de 2009

Durante las últimas semanas, en realidad han sido meses, he recorrido la sierra de Aramotz desde una punta a la otra, de norte a sur, de este a oeste… he iniciado mis recorridos en Artaun, Oba, Mañaria… he caminado por lugares que ya conocía y por zonas por las que, posiblemente, nunca haya pasado nadie… he pisado casi todas sus cimas, pero había dejado de lado la más importante, la que más me gusta y la que, en mi modesto currículo, tiene el honor de ser la montaña que más veces he subido, el Mugarra, y por eso la he dejado para el final. Es una montaña especial y especial tenía que ser también esta ascensión. Para mí era todo un reto que afrontaba con cierto recelo, pero tenía que intentarlo, subir al Mugarra por su arista este.

Hoy es lunes, sí, lunes, he cogido un día libre en el trabajo sólo para subir el Mugarra. A las 9 dejo al chiquillo en la ikastola y me dirijo hacia Mañaria. En Bilbao el cielo está muy brumoso y por el camino hacia Durango parecido, pero al llegar a Mañaria cambia el panorama, un cielo azul intenso asoma sobre el Mugarra y su arista este. Esto promete.
Dejo el coche en el primer aparcamiento que hay al llegar a Mañaria, me calzo las botas y tomo el camino que, por carretera primero y por pista después, lleva hacia Mugarrikolanda. Al poco de abandonar el asfalto la pista se divide en dos, hacia la izquierda gira noventa grados en dirección a Mugarrikolanda, y a la derecha continúa hacia la cantera que devora la montaña, yo tomo esta dirección. A escasos cincuenta metros dejo la pista, por la izquierda, y me coloco por encima de la valla metálica, justo debajo del tendido eléctrico, tengo que subir todo recto por el pasillo que se abre delante de mí. La siguiente referencia es muy clara y evidente, al llegar a la parte más alta, una zona herbosa bajo otra torre del tendido eléctrico, aquí comienza la arista este del Mugarra, a mi espalda sólo queda el vacío creado por la cantera.


Comienzo a caminar por la roca un tanto nervioso pensando en lo que pueda encontrarme por delante, pero enseguida me doy cuenta de que, aunque estos primeros metros son casi un paseo, por aquí hay que andar con los cinco sentidos puestos en lo que se está haciendo. Decido guardar el bastón, hoy me van a ser más útiles las manos.
Por esta zona se avanza bien y tengo la posibilidad de hacer alguna pequeña trepadita, para ir calentando y cogiendo confianza, aunque como he dicho, mejor no confiarse, a veces la caída hacia los lados impresiona un poco, pero la arista, aunque escarpada ofrece buenos pasos y se anda con cierta comodidad y seguridad. De frente siempre el Mugarra, que hasta de lejos impresiona.


Entre rocas y árboles voy progresando, el camino se hace muy ameno y bonito, además, poco a poco se va ganando altura y mirar hacia abajo se hace más agradable.
Tras superar algunos descensos y subidas se sale por fin a terreno despejado. Ante mí tengo la parte más complicada del recorrido, hasta aquí ha sido un paseo, pero ahora comienza lo bueno, lo bonito, lo divertido… y lo peligroso.
El primer paso comprometido de la arista se me presenta en la subida a Atxurkulu, tiene buenos agarres y la roca parece firme, pero tiene mucho patio hacia la derecha, o sea, mucha caída, se puede evitar bordeándolo por la izquierda, siguiendo un senderillo y subiendo luego a la cima por el lado opuesto sin ninguna complicación, ni lo uno ni lo otro, no voy a exponerme demasiado, pero tampoco voy a renunciar a un poco de emoción. Voy a evitar la parte más complicada, pero al llegar al árbol de la foto me encaramo de nuevo a la arista, desde aquí a la cima, con cuidado, pero más tranquilo.


Superado este primer tramo complicado, con un poco de trampa, es cierto, pero para alguien que no sabe lo que es escalar creo que no está nada mal, me siento sobre la cima de Atxurkulu a disfrutar de la imponente figura del Mugarra, a estudiar con la vista el siguiente tramo de arista. En principio no le veo ninguna complicación, salvo la fuerte pendiente, así que para allá me voy.
El descenso de Atxurkulu no tiene ninguna complicación, un mínimo destrepe y llego a terreno llano, pero poco, muy poco tiempo, enseguida el camino se empina de forma endiablada. Camino lo más cerca posible de la arista, pero no por ella, busco el terreno más cómodo para subir y me paro varias veces a tomar aire, la subidita se las trae. Hacia atrás tengo la bonita silueta de Atxurkulu y del Untxillaitz justo detrás.


Ya casi he llegado a la parte más alta de este tramo, ante mí tengo una bonita pared de roca que superaré por una canal abierta casi en el centro, cada vez me gusta más esto de trepar, de subir pegado a la roca agarrándome con manos, brazos y piernas. Los nervios del principio se han convertido en una ilusión tremenda por seguir avanzando y seguir descubriendo esta arista, ahora estoy completamente seguro de que la voy a completar. Al llegar arriba, descanso un poco para recuperar el aliento y disfrutar de la impresionante vista que ofrecen el Mugarra, su arista y sus paredes grises.


Sigo adelante, ya queda menos. Hay muchos tramos en los que he evitado la arista, pero aún así hay que caminar tan pegado a la roca que no sé qué es peor. Ahora toca hacer un destrepe cuyo mayor peligro es la caída que tiene a ambos lados, pero basta con echar el culo al suelo y deslizarse poco a poco para superarlo sin problemas. Otra vez toca caminar con cuidado y pegado a la pared, de frente va asomando el último tramo de subida y tal vez el más peligroso si se hace directamente por la arista.
Tengo ante mí la última parte, la más peligrosa de la arista, pero se puede evitar bien por la izquierda bien por la derecha. Por la izquierda parece fácil, pero la pendiente es tanta que un resbalón puede ser fatal, sin embargo por la derecha parece más cómodo y hay un sendero muy evidente, así que la decisión es sencilla, por la derecha, pegadito a la pared y trepando hasta llegar a la parte alta. La vista hacia atrás es realmente impresionante.


Se acabó, ha sido una experiencia genial, menos complicado de lo que pensaba, eso sí, que conste que he evitado los pasos más complicados. Me siento durante unos minutos a contemplar el camino recorrido, a pensar en el final de esta pequeña aventura por Aramotz…
Hacia atrás una historia resumida en seis días, hacia delante un cielo azul y la cima del Mugarra.
Es hora de comer, con la única compañía de los moradores del Mugarra y el triste sonido de los camiones en la cantera. Mirando hacia Aramotz recuerdo cada uno de los anteriores días, recuerdo todos los caminos, todas las cimas y todos esos rincones que he descubierto. Me quedaría sentado aquí arriba el resto del día…


Para el descenso utilizaré el camino normal de subida, bueno, no tan normal, porque ya puestos voy a seguir por la arista hasta llegar a Mugarrikolanda. A pesar de subir por donde he subido y superar los pasos que he pasado, en este tramo aparentemente sin complicaciones, no conviene confiarse, a mi izquierda la caída en vertical puede rondar los cien metros, así que un tropezón puede ser fatal. Aunque las vistas bien merecen acercarse un poquito a mirar.
Un par de destrepes con el culo pegado a la roca dan paso al vertiginoso descenso por la empinada pradera hacia el collado de Mugarrikolanda, un lugar perfecto para tumbarse un rato y disfrutar de esta otra cara del Mugarra y de lo que le rodea.
La cercana fuente es un lugar de paso obligado, no sólo para rellenar la cantimplora, sino porque desde aquí se tiene una muy bonita vista del Mugarra


Es hora de regresar. Descender poco a poco por la pista sin dejar de observar las paredes de esta montaña, esas paredes que hace poco tenía bajo mis pies, esas paredes por las que he trepado y que no me canso de mirar, creo que no tardaré mucho en repetir. No puedo evitar acordarme de mis amigos “el intrépido” y “el prudente”, el primero disfrutaría como un niño por esa arista y el segundo se acordaría de todos mis muertos.
La pista se adentra en un pinar y por unos momentos el Mugarra desaparece de mi vista, sólo a veces se deja ver entre las ramas para finalmente desaparecer. Dos árboles que han sentido tanta atracción el uno por el otro que no han podido resistirse a estar unidos le dan un toque pintoresco a la aburrida pista.


Recorro los últimos metros del camino de vuelta por la carretera y de nuevo puedo ver el Mugarra y casi toda su arista, esta historia se acaba, pero como dijo aquél, esto no es un adiós, sino un hasta luego, el principio de nuevas aventuras y nuevos retos montañeros…



f o t o s


t r a c k



 

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