17 de enero de 2008

Peña del Castillo, las puertas de Peña Amaya


Peña Amaya es básicamente un enorme peñón que se alza en medio los campos en la comarca de las loras, hacia el norte de Burgos y cerca de la provincia de Palencia. Uno de los accesos a esta pequeña sierra, que se eleva por encima de los 1.300 metros, se realiza desde el pueblo de Amaya, desde el que una pista de grava lleva hasta un llano donde se deja el coche, a partir de aquí debemos echar pie a tierra y comportarnos como auténticos montañeros.
Peña Amaya se divisa perfectamente desde el pequeño pueblo burgales donde me escapo con mi familia cada vez que tenemos la oportunidad, y no son muchas, y siempre siento la necesidad de acercarme hasta allí y, por supuesto, de ascenderla, pero eso es algo que se está haciendo esperar demasiado. Esta tarde de verano, con un cielo que anuncia una de esas tormentas que no dejan más que rayos, me he acercado con mi suegro, un señor de ochenta años al que le encantan las excursiones campestres, pero la edad no perdona, y hoy nos conformaremos con echar una pequeña mirada al guardián de la Peña Amaya, la Peña del Castillo.
Después de aparcar el coche ascendemos una pequeña cuesta que desemboca en una zona de suaves relieves y que nos ofrece una visión imponente del pequeño valle-desfiladero que separa Peña Amaya de las peñas de Albacastro y la no menos imponente figura de la Peña del Castillo.



Apenas hemos ascendido unos metros sobre la meseta castellana y la vista ya no abarca más de lo que es capaz el ojo humano. La Peña del Castillo me recuerda a esos torreones de roca que aparecen en las películas del Oeste.



Nubes blancas y enormes proyectan sus sombras una y otra vez sobre la Peña y el sol le saca sus mejores colores. Mi suegro se ha sentado tranquilamente sobre una roca y me ha dado su beneplácito para que me mueva con total libertad y saque todas las fotos que pueda, el hombre sabe cómo disfruto con esto y, en cierta forma, es una manera de agradecerme el sacarle de la monotonía del pueblo. Así que, estas fotos, hoy, son para él. Gracias Angel.


Peña del Castillo 1.307 mts

Monte Santiago, monumento natural


Nunca había oído calificar a un lugar como monumento natural, pero la verdad, es que es una de las mejores formas de describir este rincón, a caballo entre las provincias de Vizcaya, Alava y Burgos. Es un lugar que ofrece múltiples posibilidades a los amantes de la naturaleza, se pueden hacer rutas de montaña, de trekkin, de mountain bike, o simplemente pasear por sus senderos y descubrir algunos de los lugares de gran belleza e impresionantes. Yo voy a ir para hacer fotos.

El acceso a Monte Santiago desde Vizcaya se hace desde la localidad de Orduña, a los pies de Sierra Salvada. Mi primera sorpresa es la presencia del bollo, esa niebla densa que se posa sobre la montaña y que se deja caer suavemente sobre el valle. Primera parada para sacar fotos.


Una vez subido el puerto de Orduña me introduzco en Monte Santiago y me acerco hasta el mirador de Arando, desde donde se tienen unas vistas impresionantes. Por la zona alavesa las nieblas se resisten a desaparecer...


Desde el mirador de Arando comienzo mi paseo siguiendo el sendero que discurre junto a los cortados del desfiladero de Delika y que lleva hasta el conocido salto del Nervión, que hoy no tiene ni una gota de agua, pero que en época de lluvias o de deshielo es un espectáculo que teneis que ver.


Como he dicho al principio, mi paseo de hoy se centraba en hacer fotos, y en el Monte Santiago, además del paisaje, hay otra cosa que había llamado mi atención en una anterior visita, su fauna, en especial la gran cantidad de insectos que te puedes encontrar, así que regreso a la zona del mirador de Arando, cubierta de matorrales y de hierba y comienzo mi búsqueda, aquí hay de todo.


Y como despedida, el rey indiscutible de estos acantilados, el buitre leonado, es una gozada contemplar su elegante vuelo, sus planeos y su impresionante silueta recortada sobre el cielo.






13 de enero de 2008

Ermua, ecos del pasado

¿Alguna vez os ha ocrrido que no sabiais a donde ir y habeis cogido el coche y conducido sin un rumbo fijo? A mí, muchas veces. Esta fue una de ellas, un domingo por la tarde en el que acabé en la playa de Gorliz y decidí acercarme hasta el cabo Billano...
Desde el aparcamiento, una pista asfaltada me acerca poco a poco y en continuo ascenso hacia los acantilados del cabo Billano, presidido por un modesto faro rodeado de bunkers y baterías que, durante la guerra civil, protegieron la costa de Vizcaya.




Desde el faro sale un marcado sendero que se dirige hacia una zona de prados para internarse después en un pequeño bosque y que, siempre al borde del acantilado, lleva a la pequeña cota de Ermua, una cima que pasa casi inadvertida, pues la mirada se pierde hacia el mar y hacia un curioso vértice geodésico colocado sobre una antigua borda.


Abajo, como un naufrago que pelea constantemente con el oleaje por intentar regresar a la costa se encuentra el islote de Billano.



De vuelta por los verdes prados en los que pastan las ovejas, llaman mi atención dos árboles que recuerdan a una pareja mirando hacia el mar, esperando el ocaso, diciéndose cosas al oído. No les molesto mucho y sigo de vuelta hacia el faro, volviendo la vista atrás para contemplar la sinuosa silueta de la costa.



Con el sol ya bajo, el faro se muestra en todo su esplendor.



Más abajo, los bunkers, las galerías y las baterías recuerdan tiempos pasados, tiempos de guerra en que los cañones bramaban y los proyectiles silbaban sobre el agua...



Hoy, los únicos ruido que se oyen son el de las olas rompiendo contra las rocas y el chillido de las gaviotas que se arremolinan junto al faro.



Estos lugares me impresionan mucho, me los imagino hace ya más de 50 años, los soldados corriendo por las galerías subterráneas, el eco de las voces dando órdenes a través de la radio. Me alejo y regreso a la calma que reina hoy aquí mientras los últimos rayos de sol devuelven al faro la luz que más tarde arrojará sobre el mar.








 

Perdido en las alturas © 2008. Chaotic Soul :: Converted by Randomness